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2012: El desafío evolutivo de la humanidad










Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra."


Génesis 1.26


1º-El Dogma de la Evolución


"Un poco de Ciencia nos aleja de Dios, pero mucha nos devuelve a Él"


Louis Pasteur (Químico y Biólogo francés)


Debido a un encadenamiento de casualidades, la primera célula de vida que existió en nuestros mares nació, sin padre ni madre, hace al menos 580 millones de años. La carrera por la vida había comenzado. Y la historia que continúa es bien conocida por todos. Con la aparición, en el Cámbrico, de los primeros microorganismos, la vida se desarrolla rápidamente hacia seres más complejos. El escenario evolutivo se enriquece cuando los peces, que sirvieron de modelo a los anfibios, dan paso a los reptiles. Obligados a adaptarse al medio en que viven, los pájaros y los mamíferos, descendientes directos de los dinosaurios, terminan por dibujar un complejo árbol genealógico que culmina con la aparición en escena del ser humano.


Esta historia, que tantas veces hemos escuchado y que tan bien aprendida tenemos desde pequeños, tiene tanto de imaginativa como de falsa. Aun así, ha sido objeto, durante muchos años, de una eficaz propaganda mediática por parte de la prensa especializada, la televisión y la radio, que la han hecho creíble y —científica". Pero resulta, que durante estas últimas décadas, la investigación sobre el ADN ha ido mostrando sus secretos mejor guardados, que contradicen mucho ese ficticio argumento. Veamos en qué se equivocan y qué motivos ideológicos sostienen quienes defienden la Teoría de la Evolución.


Darwin y su Teoría


Si hay algo de lo que no se puede acusar a Charles Darwin es de no poseer la tecnología necesaria para verificar sus hipótesis evolucionistas. Porque es que no la tenía cuando expuso su, "The Origin of Species", en 1.859. El único instrumento capaz de escudriñar las intimidades de la célula, el microscopio electrónico, no existía todavía. Por tanto, se asume que formuló su Teoría basándose en suposiciones imaginadas, sin tener ninguna evidencia de peso que la respaldase. Darwin basaba su Teoría en la idea de que toda especie desciende de otra anterior. Todo bicho viviente, incluido el hombre, proviene de un ancestro común. Según esto, un mecanismo de la Naturaleza que él denominó selección natural, hace que, de generación en generación y a través de millones de años, cada especie vaya sufriendo transformaciones que la hacen más eficaz en su entorno. Así es como habría obtenido la jirafa su largo cuello o los pequeños dinosaurios su capacidad voladora. Una debido a la necesidad de alcanzar las ramas más altas de los árboles y otro, para así poder cazar moscas y otros insectos. Pero, ¡atención a esta última afirmación! Se nos dice que la capacidad voladora surgió cuando pequeños dinosaurios, como el Velociraptor, necesitaron dar caza a las moscas. ¿Cómo es posible que se esté intentando explicar la manera en que surgió el mecanismo del vuelo, si ya había insectos con una perfectísima habilidad voladora? ¿De dónde habían surgido? ¿De quién habían heredado ese mecanismo?


Aunque son sólo dos, ejemplos contradictorios como estos los hay muchísimos en la literatura evolucionista. Y aunque más adelante entraremos en detalles que demuestran porqué esto no puede ser cierto, veamos antes algunos de esos ejemplos.


Supongamos una manada de antílopes atacada frecuentemente por leones. Es fácil imaginar que las víctimas más seguras serán los individuos más débiles. O sea, los cachorros y los más viejos. Mientras que los jóvenes, rápidos y ágiles, tendrán mayor probabilidad de sobrevivir. Ahora bien, afirmar que estos últimos aportan una mejora en la especie sólo por el hecho de correr más rápido, además de no tener ningún fundamento científico, es un engaño. Aunque es cierto que la selección natural asegura la supervivencia de los más fuertes, y por tanto, la continuidad de la manada, los antílopes van a seguir siendo antílopes pase lo que pase.


Otro ejemplo usado como estandarte para justificar esta cuestión de la selección natural, es el de las polillas. A principios de la Revolución Industrial en Inglaterra, la corteza de los árboles cerca de Manchester tenía un color claro. Debido a eso, las polillas de color oscuro que se posaban en ellos se convertían en presa fácil al distinguirse rápidamente, mientras que las de color claro pasaban más desapercibidas. Al cabo de unos años, por culpa de la contaminación, las cortezas fueron oscureciéndose. Ahora eran las polillas de color claro las más cazadas por los pájaros. Para los evolucionistas era este un claro ejemplo de cómo estos insectos habían ido modificando su color, adaptándose a las nuevas circunstancias. Pero esto es falso, pues en ningún momento se produjo la aparición de una nueva especie. Las polillas de color oscuro ya existían antes de la Revolución Industrial. Lo único que se modificó es la parte proporcional de la población general. No adquirieron nuevos rasgos u órganos que modificaran la especie. Para que una polilla se transforme en otra especie viva, por ejemplo, en un pájaro, los genes tendrían que experimentar agregados. Es decir, tendría que haber cargado o agregado otro programa genético completo que incluyera la información acerca de los rasgos físicos del pájaro. Pero eso no es posible.


Debido a la urgente necesidad de encontrar lo que ellos llamaban "formas transitorias", es decir, los fósiles que demostraran la transformación de una especie en otra, se lanzaron a la caza y captura de

algún fósil de reptil medio pájaro o medio mamífero. Pero no encontraron nada. Nunca se ha encontrado ninguno de esos fósiles que demostrasen que Darwin tenía razón. A no ser que consideremos como válidos los errores cometidos con el Celacanto y el Ornitorrinco. Restos de estos animales, que se creían extinguidos hace millones de años, se exhibían como ejemplos de animales en transición del medio acuático al terrestre. Al Celacanto se le pintaba con las aletas a modo de patas para salir del agua. Y al Ornitorrinco, como una mezcolanza de animal a medio camino entre pez, ave y mamífero. Pero esos "fósiles" no sólo seguían vivitos y coleando, sino que no habían evolucionado nada en todo ese tiempo. Como tampoco lo habían hecho la tortuga, el tiburón o la hormiga. Eran idénticos a como lo habían sido durante millones de años.


Creyendo haber encontrado esa prueba que necesitaban, presentaron al Arqueoptérix como un reptil en su transición a pájaro. Esto lo dijeron porque, según ellos, este animal carecía del hueso esternón sobre el cual se fijan los músculos para volar. Pero hallazgos posteriores demostraron que podía volar perfectamente. También afirmaban que al tener espolones en las alas, era lógico pensar que era medio reptil. La presencia de plumas en su cuerpo era señal inequívoca de un organismo de sangre caliente. Y los reptiles lo son de sangre fría. Además, espolones como los que presentaban los fósiles de este prehistórico animal, lo tienen algunas aves en la actualidad como el Huraco. ¿Y porqué tenía dientes?, decían ellos.


A este respecto hay que decir que la estructura dental del Arqueoptérix era completamente diferente a la de sus supuestos hermanos los lagartos. En cualquier caso, no todos los reptiles tienen dientes. Algunos los tienen y otros no. Por tanto, no es concluyente afirmar que por tener dientes tenga que ser necesariamente un reptil.


Presionados por la falta de pruebas, algunos evolucionistas plantearon la posibilidad de un cambio repentino y radical. Mientras algunas especies pudieron evolucionar de forma lenta y gradual a través de millones de años, otras pudieron hacerlo de manera brusca. O sea, que por caprichosos accidentes genéticos, de un huevo de reptil pudo surgir un ave completamente formada. Y no es que tuviera alas. Es que por tener tenía hasta plumas, pico, huesos más livianos, transformaciones en su metabolismo y otros imposibles cambios. Semejantes afirmaciones dan a entender que lo importante no es dar con la verdad, sino defender a ultranza algún tipo de ideología. A pesar de esta insostenible falacia, los científicos de la genética, parecían haber encontrado, por fin, la solución a sus problemas. O eso al menos es lo que creían.


El fraude de la Mutación Genética


Como habíamos dicho, hubo una primera célula que se convirtió en un auténtico quebradero de cabeza para los evolucionistas, pues apareció de la nada, sin que tuviese ningún antecedente del cual surgir. Vamos, huérfana total. ¿Cómo o de dónde había salido esa primera señal de vida? Como respuesta a esta pregunta alegaron que fue el azar el que produjo la unión de las proteínas, los lípidos, los ácidos nucleicos (ADN y ARN), los carbohidratos, las vitaminas y demás componentes, en ese perfecto diseño que la hace capaz de desarrollar un organismo con toda su historia genética perfectamente definida.


La cosa dicha así no suena tan mal. Pero en una estructura tan sumamente compleja como es la célula, con billones de combinaciones posibles entre sus distintos componentes, y donde sólo una de esas probabilidades es la válida, es rotundamente imposible confiar ese acto creador al azar. Tanto es así, que todos los intentos llevados a cabo en laboratorios para repetir, voluntaria e inteligentemente, ese milagro llamado célula, terminó en fracaso. ¿Nos están diciendo entonces que lo que no puede el hombre con su moderna tecnología y su inteligencia, lo pudo la casualidad? Pues sí. Aunque parezca sorprendente, los evolucionistas se empeñan en afirmar que somos fruto de caprichosas coincidencias que han ido sucediéndose, una y otra vez, hasta formar nuestro actual estado humano. Suponiendo que esto fuese así, que es mucho suponer, ¿dónde están esos miles de seres malformados que no llegaron a prosperar? ¿O es que la Naturaleza es capaz de alcanzar con éxito tan enorme dificultad, de una sola vez? Porque debieron existir animales que, siendo aves, añadieron elementos de los mamíferos, que se sumaban a los que ya tenían como reptiles, dando como resultado criaturas semirreptiles o semimamíferas. Pero repetimos que ningún fósil ha salido a la luz para decir que eso sea cierto. Como vemos, esa farsa llamada Teoría de la Evolución hace agua por todos lados.


Decíamos que numerosos experimentos se llevaron a cabo sin que ninguno de ellos tuviera éxito. Los reiterados fracasos forzaron a los científicos a reconocer que ningún cambio era posible en el ADN. Pues todas las manipulaciones terminaban en horribles malformaciones que algunos pobres animales tuvieron que padecer. Y todos, sin excepción, fallecían al poco tiempo. A la luz de la Ciencia se sabe que para que se produzca una mutación sobre las moléculas del ADN, ha de haber incurrido una acción química o una radiación. Y en todo caso, se podrán dar malformaciones físicas, como los siameses o cualquier otra deformidad, pero que, de ningún modo, se transmiten a los hijos. Una persona que nació sin brazos no transmite esa anomalía a sus descendientes.


Los casos de este tipo que se dieron en las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, o el accidente nuclear de Chernobyl, así lo demuestran. Ningún cambio se produce en la estructura del ADN sino es de forma provocada. En cuyo caso, el resultado más probable será la muerte. Nos preguntamos cómo se las arreglaría para sobrevivir un reptil que, por accidente, nace con alas y no es capaz de volar todavía. Porque recordemos que el requisito para volar no es sólo tener alas. Lo más probable es que fuese víctima fácil de otros depredadores al tener alas donde debería haber unas patas. Aun así, se nos dice que ese pobre bicho no solo sobrevivió, sino que transfirió ese rasgo a las demás generaciones,

hasta que finalmente logró alzar el vuelo y convertirse en pájaro.


Si en la época de Darwin, donde se desconocía la estructura celular, era suficiente afirmar que la vida era el resultado de aleatorias coincidencias para que la gente se lo creyese, ahora la cosa ha cambiado. En la actualidad, se sabe que la célula viva es autosuficiente gracias a la cooperación armoniosa de muchas organelas. Con sólo una de esas organelas que deje de cumplir su cometido, la célula no podrá mantenerse con vida. Aquí no sirve decir que mecanismos inconscientes como la selección natural o la mutación genética desarrollaron ese milagro molecular. La primera célula que existió sobre la Tierra fue forzosamente una célula completamente formada, con todas sus organelas y funciones requeridas. Lo cual significa que fue creada desde el principio sin necesidad de evolucionar. O la célula estaba completa o no existía como tal.


Si tenemos en cuenta que una molécula de proteína contiene un promedio de 288 aminoácidos, cada uno situado exactamente donde debe estar y de los cuales 12 son de diferentes tipos, es imposible creer que tan enorme margen de probabilidades (1 elevado a 300), sea resuelto de manera inconsciente y por azar. Todo ese argumento que intenta hacernos creer que nuestro maravilloso cuerpo humano es fruto de casuales cambios en el ADN, es tan improbable como pensar que un automóvil se construye a sí mismo a partir de los desechos esparcidos en un desguace. Va siendo hora de que se ponga claridad donde sólo ha habido manipulación y falsificación de pruebas. Y a eso es a lo que vamos.


Evolución y Materialismo


La Teoría de la Evolución es una farsa y ya no se mantiene, ni siquiera, como argumento científico. Entonces, ¿por qué se la sigue manteniendo vigente en los sistemas educativos si está engañándose a la sociedad? ¿Que motivos ideológicos impulsan a determinados estamentos gubernamentales a sostener una mentira que ha estando sumiendo en la confusión a gran parte de la humanidad? ¿Por qué no se destinan los mismos medios económicos y materiales a estudiar en profundidad los cientos de mitos de la Creación repartidos en todo el mundo? ¿Por qué, en lugar de eso, lo único que se hace es ridiculizar cualquier expresión religiosa, rebajándola a la categoría de folklore ignorante y supersticioso?


En Europa, hasta comienzos del siglo XIX, todos aceptaban que el mundo, como lo conocemos ahora, fue creado por Dios. Pero también se desarrolló una fuerte oposición a esa creencia. Algunas personas no querían admitir que el Universo fue creado. Es más, sufrían por encontrar una explicación alternativa. Los esfuerzos en esa dirección dieron sus primeros resultados importantes a través de las teorías desarrolladas por Erasmus Darwin, Lamarck y otros biólogos. La Teoría, que fue presentada por ellos y que afirmaba que las cosas vivientes evolucionaron, una de otra, como resultado de coincidencias, fue recogida finalmente por Charles Darwin, quien la desarrolló y la hizo mundialmente famosa. Todos los ideólogos afines a esos planteamientos pensaban que se había propinado un gran golpe a la Religión. Desde entonces, la Teoría fue usada como arma arrojadiza para atacar a la Religión.


Primero en las sociedades cristianas y luego en el mundo islámico, se transformó en el instrumento indispensable para la guerra antirreligiosa. Los artífices de esa ideología querían asegurarse un argumento lo bastante convincente como para establecer, no sólo una visión alternativa a la que aportaban las tradiciones, sino que aplastase y ridiculizase dichos argumentos. Por eso, el apoyo a Darwin fue total. Ellos sabían que para instaurar su filosofía entre las masas, el mejor medio era la persuasión. Convencer a todos de una visión que favoreciese a esos ideales, era una misión lo suficientemente importante como para justificar la manipulación y el engaño. Y a ello se dedicaron intelectuales y medios de comunicación.


Cuando en 1.847, Karl Marx y Friedrich Engels escribieron su Manifiesto Comunista, la Dialéctica Materialista quedó instaurada. Muchos se afiliaron a esa Dialéctica de la Razón, repitiendo como loros, lo que otros decían. En ese Manifiesto no tienen ningún reparo en definir a las religiones como el —opio del pueblo". Y consideraban que el único camino para la salvación de la Humanidad era la eliminación de todas las creencias religiosas. Pero nunca se molestaron en estudiar esas tradiciones que pretendían hacer desaparecer. Nunca investigaron el Budhismo Zen, ni el Yoga, ni el Hermetismo, ni los Misterios egipcios, griegos fenicios, cristianos,… No hicieron nada de eso. Según los planteamientos de Marx, ese fracasado estudiante de Derecho, la materia existió desde el comienzo del Mundo y seguirá existiendo eternamente. Por tanto, se negaba la existencia de Dios y su papel como Creador.


Según el materialismo, la vida se reduce a consumir cada vez más y poseer la mayor cantidad posible de bienes materiales. El único sentido y valor de la vida es la riqueza material. O sea, el dinero. La felicidad de una persona pasaba a ser directamente proporcional a la cantidad de ceros que tuviese su cuenta bancaria. Y no sólo eso. Basándose en esa equivocada concepción de la Naturaleza que pretende que una especie debe dejar de existir para que otra pueda nacer, se aplicó esta agresiva visión a la vida práctica. La selección natural también tenía lugar en las ciudades, en los países, en los continentes.


Aquello de, —el pez grande se come al chico", adquiría matices dramáticos a nivel nacional e internacional. Ya no se propugnaba la armonía y la cooperación. En realidad, todos querían ser la especie dominante. Y daban plena libertad a su egoísmo y ambición, escalando peldaños en la jerarquía social para, desde allí, contemplar a las pobres criaturas inferiores. Ya no importaba la vertiginosa pérdida de valores morales. Lo único que valía la pena era destacar a nivel social. Ser la especie dominante. Construir una Europa fuerte basada en el capitalismo, era la excusa perfecta. Pero la Naturaleza, para sobrevivir, nunca consiente que el equilibrio entre los ecosistemas se rompa. Por tanto, ese rasgo depredador del ser humano, capaz, como EE.UU., de invadir otros países sólo para mantener su hegemonía económica y cultural, no es algo previsto en la Naturaleza. Esto es consecuencia de habernos olvidado de Dios.


De esa filosofía materialista que estamos comentando, es aquella afirmación que expresa que solamente lo que se puede demostrar experimentalmente es real y existe. Y que solamente lo que es comprobado científicamente debe ser considerado como cierto. ¿Y qué dirían ahora si viesen sus argumentos cuestionados por esa Ciencia tan adorada por ellos? ¿Quizás dejarían de ser materialistas? ¿O seguirían mintiendo como lo han hecho hasta ahora, para mantener en vigencia su filosofía de vida?


Aunque ellos proclamaban que sólo la Ciencia y la Razón podían resolver los problemas del ser humano, los conflictos interiores que atormentan a la Humanidad, indican todo lo contrario. Sometida su voluntad a la sociedad de consumo, el individuo busca incansablemente llenar el vacío de su alma con la adquisición de modernos artilugios que no hacen otra cosa que aumentar su dependencia del sistema. No hay posibilidad de mantenerse al margen. A menos que uno se de cuenta, claro. Pero como son muy pocos los que lo consiguen, el funcionamiento del engranaje consumista está asegurado. Y no lo consiguen, entre otras cosas, porque la mayoría de personas no se considera atrapada en esa red.


Un mundo así fue el que presentó Aldous Huxley en su obra, Un Mundo Feliz, publicado en 1.932. Allí describía un Estado Mundial, una insensible Administración Globalizada que dominaría el mundo en un futuro. Ese Estado Mundial era totalitario, pero no usaba la fuerza bruta contra el pueblo, porque no se valía de los métodos primitivos del totalitarismo. Como dijo este autor, "en un régimen de opresión efectivo, las personas pueden ser manejadas y controladas sin el uso de la fuerza bruta, porque se acostumbrarán a ser esclavas en cualquier caso". También George Orwell describió un estado totalitario en su obra titulada, 1.984. Más recientemente, la película Matrix aporta abundante material para reflexionar sobre esta cuestión.


Aunque Darwin tituló su Teoría, "El Origen de las Especies", no aportaba soluciones sobre nuestros orígenes. Sigue siendo un enigma, para ellos, cómo paso a existir la vida en nuestro planeta. Ante la falta de respuestas, concentran sus esfuerzos en fascinarnos con hermosas recreaciones por ordenador, donde aparecen las especies transformándose maravillosamente en otras nuevas. Parece que no necesitemos más explicaciones. Con las imágenes tenemos suficiente. Y eso es lo que quieren ellos.


Seguramente, que a la mayoría de las personas les resulte más cómodo seguir creyendo ese cuento de hadas de la Evolución. Pero es una verdadera lástima que por culpa de una errónea interpretación de nuestra razón de existir, las gentes echen a perder sus vidas ignorantes de la grandeza del mundo espiritual. Les resulta más fácil hipotecar su existencia en falsas ilusiones y letras de banco. Allá cada cual con su vida.


Pero, si las ideas materialistas ya han sido desautorizadas por la Ciencia del siglo XXI, ¿por qué no se dan a sí mismos la oportunidad de estudiar, practicar y comprender, las ricas enseñanzas espirituales de Oriente y Occidente? ¿No será que existe una delicada relación entre la psicología de esas personas y esa filosofía cobarde del materialismo, que les obliga a defenderla como sea? ¿Por qué se empeñan en pensar que cualquier cosa, aunque sea de dudosa fiabilidad, es mejor que creer que tenemos Alma? ¿Quizás sea el temor a lo que no conocen, lo que les impide mirar hacia dentro de sí mismos? Es muy posible. Porque sorprende mucho ver la facilidad con que giran la cabeza, cuando se les ofrece algún conocimiento que cuestione sus planteamientos. Lo que seguramente no saben ellos, es que la Ciencia, elevada a su máxima expresión, se torna espiritual. Pero claro, ellos miran para otro lado. En fin, ¿que le vamos a hacer?

 

2º-. La falsa descendencia del Mono


"Defender la Teoría de la Evolución es una obligación materialista"


Érase una vez…


El hombre actual, o sea, nosotros, parece ser que provenimos de una familia muy larga y bastante extraña. Y como la familia es la familia, con eso no se juega. Pero, ¿y si resulta que no somos hijos de nuestros supuestos padres? ¿A ver si, por una desafortunada equivocación, hemos estado llevando flores al cementerio equivocado? Nosotros, por si acaso, vamos a estudiar el que, al parecer, es nuestro árbol genealógico, tratando de descubrir los que son parientes nuestros y aquellos otros que sólo quieren vivir del cuento.


Ramapithecus: Se supone existió, aproximadamente, hace 14 millones de años. Y aunque solamente consiste en un puñado de dientes y fragmentos de quijada, los "científicos" dibujaron al individuo de cuerpo completo. Y no sólo eso. También les llegó la tinta para pintar su hogar y su familia. Posteriores descubrimientos demostraron lo que era evidente. Sólo era un simple mono de entre las 6.000 especies que han existido. Su relación con el ser humano es más que dudosa.


Australopithecus: Esta especie existió hace 4 millones de años y se subdivide en otras tres,

Afarensis, Africanus y Robustus. Su osamenta se reduce al cráneo, la mandíbula y dientes, junto con fragmentos de pelvis, miembros y pie. Su esqueleto apenas difiere de los monos actuales. Es más, eran consumados trepadores de árboles, con manos y pies perfectamente preparados para la vida cuadrúpeda. Absolutamente nada en esta especie indica una relación con nosotros.


Homo Habilis: Ante la necesidad de establecer un vínculo entre las especies simiescas y las —Homo", surgió la cuestión del caminar bípedo. Aunque no era el único rasgo definitorio, planteaba una incómoda situación a la hora de clasificar los restos que iban apareciendo. ¿Cómo y por qué una especie que utilizaba manos y pies con la misma habilidad, dejaría esta condición para asumir la postura erguida? Ante la falta de respuestas claras a esta pregunta, se decidió que caminar sobre los pies era una obligación evolutiva. Más adelante veremos en detalle esta cuestión.


Phitecanthropus: En 1.922 se halló un único diente en Nebraska,

EE.UU. En un primer momento se afirmó que se trataba de un resto perteneciente a un homínido. De ahí que se le conozca como "Hombre de Nebraska". Pues bien, la habilidad de los científicos, que ya sabemos que es mucha, consiguió recrear también en este caso, al individuo, su entorno natural y su familia. Y eso que solo tenían un diente. Pero, mira por donde, que se descubrió que, en realidad, se trataba del diente de una extinguida especie de cerdo. Vaya por Dios.


No por ser falsas, las reconstrucciones mostradas en los medios de comunicación, calan menos en la mente de las masas, que las aceptan como verdaderas.


Un primo hermano del anterior, el "Hombre de Piltdown" protagonizó una curiosa anécdota. Resulta que un día aparecieron en Inglaterra un hueso de quijada, dientes y una bóveda craneana. Se le asignó una antigüedad de 500.000 años. Numerosas tesis doctorales, reconstrucciones y artículos científicos se escribieron sobre este "familiar" nuestro, durante los más de 40 años que estuvo expuesto en el British Museum. En qué mala hora se le ocurriría a no se quién aplicar la prueba del flúor a esos restos. Pues terminó descubriendo el pastel. ¡El cráneo era de un señor fallecido hacía 500 años y los dientes y la quijada, de un orangután muerto recientemente! Por si la impertinencia fuera poca, también se descubrió que las primitivas herramientas descubiertas por esa zona, eran simples imitaciones que habían sido fabricadas con tornos industriales y esparcidas por allí. Con razón se le conoce a este caso como el mayor fraude científico de la Historia. Nos querían engañar y casi lo consiguen.


No se ustedes, pero a nosotros este árbol genealógico no termina de convencernos. Pero sigamos a ver que pasa.


Homo Erectus: En esta especie, que apareció hace 1'8 millones de años, sí esta presente, por fin, la postura erguida. La razón principal para definir como primitivo a este grupo, es su volumen craneal, entre 900 y 1.000 cc. Pero, en la actualidad, existe gente, como los pigmeos, con esa capacidad craneal. Por lo que no es concluyente afirmar algo así. Tengamos en cuenta que el tamaño del cerebro no denota necesariamente diferencias en la inteligencia o en las capacidades. Dos son las subespecies más conocidas de esta clasificación. La primera de ellas, conocida como "Hombre de Java", fue encontrada en 1.892. El hallazgo consistía en una bóveda craneana, dientes y fémur esparcidos varios metros unos de otros, que hacían dudar que pertenecieran a un sólo propietario. Aunque su descubridor aseguró que pertenecían al mismo individuo, olvidó mencionar que, en el mismo nivel de excavación, él mismo encontró dos cráneos humanos. Sí, han leído bien. Encontró restos humanos de casi dos millones de encuentra un billete por la calle, no le dieron importancia porque consideraban que eso no era posible. Y aquí no se habla más. En cuanto al segundo elemento, el "Hombre de Pekín", se trata de reproducciones en yeso de unos huesos originales que se perdieron. No obstante, se asegura que estamos ante un ser completamente humano. Lo que demostraría que seguimos sin conocer la especie que sirvió de transición del mono al hombre.


Cada vez se conocen más opiniones defendiendo la postura de la no evolución del ser humano. Los supuestos individuos medio simios que pretenden colocarse como antecesores del hombre, en realidad eran personas como lo somos ahora. Al tratar de reconstruir el rostro que pudo tener el Homo Erectus o cualquier otra especie, no se tiene, o no se quiere tener en cuenta, que los tejidos blandos, o sea, los músculos faciales, no dejan ningún rastro sobre el cráneo. Los labios, los ojos, los oídos y la forma de la nariz, no dejan ningún indicio sobre los huesos que están por debajo. No es posible saber que cara tenía una persona basándose únicamente en la estructura ósea. Y si esa estructura nos dice que era prácticamente idéntico a nosotros, ¿por qué se empeñan en mostrarlo con rasgos simios?


Neanderthal: Es un ser humano que apareció repentinamente hace 100.000 años en Europa y desapareció rápidamente hace 35.000. La única diferencia que tenían con el ser humano moderno estaba en el esqueleto, que, en su caso, era más alto, vigoroso y con un volumen craneal ligeramente superior. Que los Neanderthales son una raza humana es algo admitido prácticamente por todos. Los evolucionistas se esforzaron al máximo por presentarlos como —una especie primitiva", aunque todos los descubrimientos indicaban que no diferían, en nada, de un ser humano robusto que camine ahora por la calle. Comparaciones detalladas de los esqueletos del Neanderthal y del ser humano moderno, han concluido que no hay nada en la anatomía del primero, que indique, de manera concluyente, capacidades locomotoras, de manipulación, intelectual o lingüística, inferiores a las del segundo. Los descubrimientos testifican que enterraban a sus muertos, modelaban instrumentos musicales y tenían afinidad cultural con los Homo sapiens que vivían en ese mismo período. Hablando claro, los Neanderthal son una raza humana robusta que simplemente desapareció con el tiempo.


Cro-Magnon: Se estima que vivió hace 30.000 años. Tenía el cráneo abovedado, la frente ancha, el volumen craneal de 1.600 cc., por encima del promedio del ser humano actual, y gruesas salientes en las cejas. Algunos descubrimientos en el campo de la paleoantropología han señalado que los Cro-Magnon y los Neanderthal se mezclaron entre sí y pusieron el fundamento para las razas actuales. Según la cronología que estamos estudiando, es el último escalón antes del hombre moderno.


El eslabón continúa perdido (y lo que le queda)


Por todo lo visto hasta ahora, se sacan varias conclusiones de vital importancia. Queda clara la existencia en el pasado, de algunas especies de monos que actualmente están extinguidas. Queda también bastante claro que esas especies no tienen nada que ver con los humanos. Hemos comentado anteriormente que el supuesto salto evolutivo del simio al humano lo define la postura erguida. Pues bien, numerosas cuestiones, que naturalmente son eludidas por los evolucionistas, dan a entender que

estamos ante otra de las artimañas que suelen utilizar con frecuencia.

 

Veamos.


Si nos ceñimos a la selección natural, que dice que sólo las especies mejor preparadas pueden sobrevivir, hombre está en clara desventaja frente a los monos. Nosotros no podemos saltar de árbol en árbol, sin tocar tierra, como lo hacen los chimpancés. Ni correr a 125 Km./h. como las chitas. Ni tenemos la fuerza de un gorila. De hecho, en caso de ataque de algún depredador, la especie más vulnerable somos nosotros. Es más rápido y seguro caminar a cuatro patas. Lo lógico habría sido evolucionar hacia esta última condición, en lugar de hacia la bipedación. ¿Por qué tendría que utilizar sólo las manos, si en el medio en que vivía, lo mejor hubiese sido quedarse como estaba? ¿Nos preguntamos como sobreviviría un ser humano que tuviera que escapar a una persecución de un león? Porque ni corremos rápido, ni tenemos garras, ni nada por el estilo. Sinceramente, no nos convence este argumento de la postura erguida, por mucho que se la considere una verdad incuestionable.


Tampoco se sostiene la idea de que algunas especies utilizaron, durante algún tiempo, las dos formas de desplazarse. Investigaciones llevadas a cabo por anatomistas, revelan que una criatura adaptada a la marcha cuadrúpeda, aunque pueda sostenerse durante un tiempo sobre las patas traseras, siempre tendrá tendencia a recuperar su postura encorvada. Es su postura natural. La conexión de la columna vertebral en la base del cráneo, es totalmente diferente en un animal cuadrúpedo y en el ser humano. De la misma forma que una persona no puede permanecer largo tiempo desplazándose a cuatro patas, así tampoco puede mantenerse derecho un gorila o un orangután, pues su anatomía no se lo permite. Los cambios necesarios para pasar de una forma a otra, hacen insostenibles todas las tesis que defienden la condición mixta, cuadrúpeda y bípeda a la vez, en algunas especies. No existe ninguna relación entre ambas. Salvo en la imaginación de los evolucionistas.


Teniendo en cuenta que todos los fósiles encontrados hasta la fecha cabrían en un cubo de tamaño medio, ¿de donde se han sacado entonces que aspecto tenían, cómo vivían, cómo vestían, cómo cazaban y cómo se relacionaban con sus semejantes? Es atrevido, por no decir engañoso, extraer tantas conclusiones de tan pocas evidencias.


No podemos dejar de comentar algunos de los crueles episodios que favoreció Charles Darwin al publicar su famosa Teoría. Muchos evolucionistas, ofuscados en demostrar que la raza blanca era la que se situaba en la cúspide de la cadena evolutiva, se lanzaron a la búsqueda de ancestros vivientes del ser humano. Y naturalmente, los buscaron entre las razas de color. Esto fue lo que pasó.


Un pigmeo llamado Ota Benga fue capturado en el Congo. No le sirvió de mucho a esta persona que su nombre significara "amigo" en su lengua nativa. Tampoco pareció conmover a sus captores que tuviera esposa y dos hijos. Porque se lo llevaron, encadenado y enjaulado, para ser presentado, junto a varios monos, como el "eslabón transitorio más cercano al hombre". Más tarde fue llevado a un parque zoológico donde convivía, encerrado en una jaula, con un gorila y un orangután. Las largas disertaciones sobre este "extraordinario" espécimen, no impidieron que Ota Benga se suicidara incapaz de soportar que se le tratara como a un animal.


No contentos con acciones como esta, llevaron a cabo diversas cazas indiscriminadas entre la población aborigen de Australia sólo porque se parecían físicamente a los fósiles de Cro-Magnon. Según la revista australiana —Creation Magazine", en su edición trimestral de marzo de 1.992, un grupo de observadores se estremeció al encontrar decenas de hombres, mujeres y niños, asesinados y decapitados, para vender sus cráneos, previamente —envejecidos", a museos y coleccionistas de Inglaterra.


No es difícil entender que la Teoría de la Evolución fue el argumento —científico" que justificó el comercio de esclavos. Si Darwin afirmaba que ciertas especies —inferiores" debían ser paulatinamente exterminadas y remplazadas por razas más civilizadas, no había delito alguno en poseer personas de —segunda categoría" como quien tiene un animal doméstico. También la masacre del pueblo indígena de Norteamérica, los indios nativos, tuvo una relación muy directa con ese mismo argumento. Por ultimo, hay que recordar que las motivaciones xenófobas que llevaron a Adolf Hitler a promover la horrible limpieza étnica que llevó a cabo durante la II Guerra Mundial, también estuvieron influenciadas, en parte, por el trabajo de Darwin. Bastante elocuente es lo que dice el alemán en su libro —Meif Kampf": —Aparten a los alemanes nórdicos y no queda otra cosa que el brinco de los monos". Daba por hecho que la lucha violenta era inevitable para la supervivencia de las sociedades mejor adaptadas. La inconfundible selección natural llevada al ámbito urbano.


Digan lo que digan, el ser humano apareció en el escenario terrestre con muy pocas variaciones a como es ahora. Pruebas de esto las hay. Pero dudamos que Discovery Channel o National Geographic se atrevan a dar soporte a esas evidencias. Sería su final como cadenas televisivas. Aquí, o se está de acuerdo con la teoría darwinista y se la difunde como tal, o muy poco futuro tendrá como científico o periodista aquel que opine lo contrario. Teniendo en cuenta que razas humanas completamente formadas ya existían hace más de 1.000.000 de años, la edad del hombre es muchísimo mayor a lo que nos dicen los libros de texto y los medios de comunicación. Entonces, ¿por qué continúan vendiéndonos esa mentira? ¿Hasta cuando deberán soportar los escolares que les metan en el cerebro falsedades como esta? ¿Por qué se manipula la Historia sólo para hacer encajar el cuento del mono? Mucho nos tememos que lo importante no es conocer nuestros verdaderos orígenes, sino desacreditar todos los testimonios expresados en los textos sagrados como el Corán, la Biblia, el Rig Veda y otros escritos igualmente importantes, e instaurar una ideología materialista que, debido a su complejidad, analizaremos en otra ocasión.


El Darwinismo Social


Un amigo cercano de Darwin, el profesor Adam Sedgwick, fue una de las personas que advirtió sobre los peligros a los que daría lugar la Teoría de la Evolución. Hizo notar, después de leer y digerir "The Origin of Species", que si este libro llegase a encontrar la aceptación generalizada de la gente, ello iría acompañado de una bestialización de la raza humana como nunca se había visto antes. Ciertamente, que el tiempo demostró que Sedgwick tenía razón. El siglo XX pasó por la Historia como una época siniestra, donde las personas sufrieron masacres por el simple hecho de su origen étnico o el color de su piel. ¡Pues claro que antes de Darwin ya se habían producido discriminaciones y atrocidades por los mismos motivos! Pero sólo el darwinismo concedió a esa discriminación una falsa respetabilidad y legitimidad científicas.


En su equivocada visión de la lucha por la supervivencia, Darwin supuso que ésta se aplicaba también a las razas humanas. Las favorecidas, que según él, eran las blancas europeas, emergieron victoriosas. En cuanto a las africanas y asiáticas, se habrían quedado rezagadas en esa lucha. También aventuró que era necesario que esas razas inferiores desapareciesen y que, para nada, era conveniente que los pueblos desarrollados intentasen protegerlas para que sigan viviendo. Y comparaba esta situación con la cría de animales. En la página 171 de su, "The Descent of Man", lo dice claramente:


"Entre los salvajes, el débil, físicamente o de entendimiento, es rápidamente eliminado, y los que sobreviven exhiben normalmente un estado de salud vigoroso. En cambio nosotros, las personas civilizadas, hacemos los mayores esfuerzos por controlar ese proceso de eliminación. Construimos asilos para los imbéciles, tullidos y enfermos. Instituimos leyes protectoras del pobre y nuestros médicos se exigen al máximo en sus capacidades para salvar la vida de cada uno hasta el último momento. Hay razones para creer que la vacunación ha preservado a muchos individuos de constitución física débil, que de otro modo habrían sucumbido ante enfermedades comunes. De ese modo, los miembros débiles de las sociedades civilizadas, propagaron su linaje. Nadie que haya prestado atención a la cría de animales domésticos dudaría que esto, el cuidado de los débiles, tiene que ser muy nocivo para la raza humana".


Todo un ejemplo de civismo y solidaridad. Aun así, se le rindió el honor de ser enterrado en la Abadía de Wesminster de Londres.


Como vimos anteriormente, en la Teoría se consideró a los nativos de Australia y a la gente de color, prácticamente con un pie en igualdad con los monos. Y se sostuvo durante mucho tiempo que debían desaparecer. En cuanto a esas otras razas que este aficionado naturalista consideraba inferiores, opinaba que era esencial impedir su multiplicación, de modo que terminasen extinguiéndose. Vemos aquí, que

el racismo y la discriminación que nos encontramos aún hoy día, fueron aprobados y justificados por Darwin en su momento. Y les tocaba a las —personas civilizadas", acelerar un poco ese período evolutivo. Por tanto, no habría objeción alguna, desde el punto de vista científico, en hacer desaparecer, lo más pronto posible, a aquellos que de todos modos van por ese camino.


La teoría de la supervivencia del más apto, fue recibida con entusiasmo por los científicos de la época. Creían que la Humanidad había atravesado varias etapas de evolución, culminando en la civilización del ser humano blanco. A mediados del siglo XIX, el racismo era aceptado como una realidad por la vasta mayoría de los científicos occidentales. Los sucesores de Darwin batallaron, con mucho tesón, con el objeto de demostrar sus ideas racistas, en nombre de las cuales no tuvieron ningún escrúpulo en elaborar incoherencias y falsedades científicas. Pensaban que cuando las demostrasen, habrían probado, científicamente, la superioridad y los derechos necesarios para oprimir, colonizar y, si fuese necesario, exterminar, a otras razas. Había nacido la legalidad, falsa como ninguna, del imperialismo y el colonialismo que proliferó especialmente en esa época.


Podemos apreciar que, contrariamente a la opinión más generalizada, la Teoría de la Evolución, con los señores Darwin y Haeckel, al frente de ella, ha hecho un flaquísimo favor a la Humanidad. Quedando convencidas las masas de que Dios era algo que uno podía tomar o dejar, como quien toma una aspirina, invirtieron sus esfuerzos en seguir los planteamientos del Darwinismo Social. Bajo este punto de vista se entendía que los grupos sociales que lograban mayor riqueza y poder eran los más aptos, mientras que los grupos humildes se convertían en las lastimosas y molestas razas inferiores de la sociedad. La ley del más fuerte daba alas al capitalismo que sumergía al ser humano en un materialismo desmesurado y tremendamente perjudicial.


Sinceramente, este árbol genealógico no merece nuestra confianza, pues está lleno a rebosar de falsedades, manipulaciones y, lo que es peor, falto de coherencia. Preferimos pensar que la maquinaria de la Naturaleza, con su extraordinario equilibrio entre ecosistemas, necesitó de un Principio Directriz Inteligente, que cada cual lo llame como quiera, que la organizase. Es absurdo pensar que fue el azar quien hizo ese trabajo. Porque el hombre, con toda su inteligencia y su tecnología, no ha sido capaz de mejorar esa perfección. Ni siquiera igualarla. Lo único que ha hecho hasta ahora ha sido copiar lo que ha observado en ella y darle aplicaciones para su modo de vida.


Es innegable la mano de Dios en la Creación del Universo. Aquellos que aun dispongan de la suficiente sensibilidad, también lo podrán apreciar. Indiferentemente de las creencias e ideologías de cada cual, es absurdo negarse a las evidencias que confirman este punto. La Historia, la no oficial, pues aquella otra está presa del yugo darwinista, se halla repleta de pruebas que dan al traste con las mentiras de los evolucionistas.


Incluso los geólogos, niegan ya que la edad de la Tierra, de unos 4.600 millones de años, de cabida a tan larga evolución, desde aquella primera célula aparecida de la Nada, hasta lo que somos ahora mismo. Y precisamente viendo lo que somos ahora mismo y la manera en que tratamos a nuestros semejantes, sólo podemos añadir que estamos recogiendo justo aquello que sembramos. Creímos que no necesitábamos a Dios para nada. Y es la confusión, el desasosiego y la amargura, lo que más anida en los corazones de la gente. Pero incapaces de darse cuenta de ello, creen que es adquiriendo mayor seguridad económica donde encontraran la solución a sus problemas. Y se equivocan estrepitosamente. Pero corresponde a cada cual darse cuenta de lo que es prioritario en su vidas, y aquello otro que no lo es.


José S











 

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