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Desvelación del enigma de Fulcanelli










No hay ninguna duda que el nombre de Fulcanelli evoca misterio. Los alquimistas se han devanado los sesos tratando de descubrir quién se ocultaba tras ese nombre.


Es que la Alquimia y todo lo relacionado con ella está rodeado de un halo de misterio, de magia, de ciencia y también de charlatanería.


Para averiguar la verdad hicimos una sesión especial en la cual el misterio por primera vez quedó develado.

  

Ron Hubbard: Bastante decepcionado con los seres humanos desencarnados... Hay mucha desidia, mucho desinterés por las cosas espirituales... Creen, en su inmensa mayoría, que lo único que existe es lo material, y después, cuando desencarnan, ven con desesperación que desperdiciaron el tiempo dando rienda suelta a su ego, porque la persecución de un status social o de bienes materiales es ego...


Interlocutor: Maestro, es la eterna historia... Lo que usted dice lo vemos nosotros aquí permanentemente, ya que a pesar de la difusión masiva que hacemos a través de Internet, es muy escasa la respuesta... Aquí tengo agendado alguno temas que considero muy importante dilucidar. ¿Puedo comenzar con las preguntas o antes dará algún mensaje? Lo pregunto por las dudas, ya que sé que usted es especialista en ir directo al grano, como vulgarmente se dice.


Ron Hubbard: Tú lo has dicho... Haz las preguntas y los mensajes los daré al responderlas.


Interlocutor: La primera es con respecto a Fulcanelli, que escribió dos libros muy famosos, El misterio de las catedrales y Las moradas filosofales. Los manuscritos fueron entregados por este misterioso personaje a su discípulo Canseliet. Estos dos manuscritos fueron publicados, no así otro titulado "Finis Gloriae Mundi" que también le fue entregado a Canseliet. Han pasado varios siglos y aún el misterio persiste respecto a quién se ocultaba tras este seudónimo. De él se ignoran todos los datos biográficos, el nombre, estado civil, su condición, el día y lugar de nacimiento... Todo es muy misterioso...


Ron Hubbard: La entidad que se llamó Fulcanelli en estos momentos no está encarnada. Es un ser del plano 5º, subnivel 7º, grado que incluso tenía cuando encarnó en el siglo XVI. Tenía una sabiduría tremenda. Había estudiado mucho el poder del pensamiento. Su decodificador mental funcionaba al 100 % de su eficacia. Podía incluso hacer foco sobre algunos objetos para influir sobre ellos. Yo no llamaría a esto poder, sino más bien don. Fulcanelli tenía muchos dones. Investigaba sobre el alargamiento de la vida humana haciendo foco sobre sus células.


Interlocutor: ¿Tenía algún conocimiento sobre el genoma?


Ron Hubbard: No, porque en el siglo XVI se ignoraba el tema. Pero Fulcanelli sí sabía que modificando algunos patrones de su organismo físico las personas podían llegar a sanar sus enfermedades. Él se las arregló para atender a algunos enfermos, obviamente sin permitir que esto trascendiera, y llegó a sanar con su don mental a quienes tenían problemas físicos reales.


Interlocutor: ¿Y qué tenía que ver esto con la Alquimia?


Ron Hubbard: La verdadera Alquimia fue desfigurada por leyendas provenientes de Bretaña.


Interlocutor: ¿Por qué Bretaña?


Ron Hubbard: Porque Bretaña hablaba de la Piedra filosofal, de la transformación del plomo en oro y todas esas cosas.


Interlocutor: ¿Pero era una tergiversación de la verdadera Alquimia?


Ron Hubbard: Era una tergiversación...


Interlocutor: ¿El plomo se puede transformar en oro?


Ron Hubbard: Sí, se puede, a través de transmutar sus moléculas. Fíjate que no hablaban de transformar, por ejemplo, el hierro en oro, el cobre en oro, sino el plomo en oro...


Interlocutor: ¿Y la razón?


Ron Hubbard: Porque el oro y el plomo tienen un peso específico muy parecido.


Interlocutor: Pero tengo entendido que científicamente aún no se ha logrado transformar el plomo en oro...


Ron Hubbard: ¡Sí que se ha logrado! Se ha logrado a través de la radiación, pero el proceso es tan costoso que no tiene ninguna utilidad económica. Hace siglos atrás, hablar de transformar el plomo en oro, aun siendo dos materiales muy similares en peso atómico, era algo casi impensable.


Interlocutor: ¿Y cómo lo sabían?


Ron Hubbard: Los alquimistas eran personas de una tremenda intuición. En esa época no existían los conocimientos químicos que hay ahora, no se sabía nada de la tabla periódica de elementos, ni de todas esas cosas. Pero la verdadera Alquimia, la de Fulcanelli y otros, no era la de la transformación de los metales en oro, sino la de la transformación espiritual. Es la Alquimia de los magos, de los verdaderos magos espirituales, de transformar el espíritu del Error en un espíritu de Luz.


Interlocutor: ¿Es lo que estamos haciendo Jorge y yo, entonces?


Ron Hubbard: Sí, por supuesto. La técnica desarrollada por Johnakan-Jorge Olguín, llamada Psicointegración, es precisamente la verdadera Alquimia, la Alquimia espiritual. Psicointegración es la Alquimia del siglo XXI, aunque Johnakan ya la había desarrollado siglos atrás.


Interlocutor: ¿Igual que lo hace Dianética?


Ron Hubbard: No tanto, porque Psicointegración lo que está haciendo en este momento es una transmutación alquímica: transmuta lo negativo en positivo. Y esto únicamente se puede lograr a través del desapego.


Interlocutor: Voy entendiendo...


Ron Hubbard: Dianética, cuando yo la empecé a gestar en mi decodificador, lo que hacía y lo que sigue haciendo, es eliminar, y aquí no hablo de integrar sino directamente de eliminar, las órdenes hipnóticas o, más técnicamente, engramas, como para que la persona no tenga ese condicionamiento mental en su decodificador, Pero su función no es transmutar sino extirpar. ¿Se entiende lo que quiero decir?


Interlocutor: Entiendo perfectamente. Dianética extirpa el dolor contenido en el engrama y entonces el incidente automáticamente pasa de la mente reactiva al banco de memoria de la mente analítica como experiencia, pero el recuerdo ya no es aberrativo.


Ron Hubbard: Exacto. La Alquimia, en cambio, transforma. Si yo tuviera que denominar la Alquimia con un nombre más apropiado para el Siglo XXI, le llamaría Psicointegración.


Interlocutor: ¿Pero quien era en definitiva Fulcanelli? Se ha hablado que podría ser el mismo Canseliet...


Ron Hubbard: No, no era Canseliet, ya que éste era su discípulo. Hubo muchas personas que fueron también espíritus de Luz que acompañaron y colaboraron con Fulcanelli, en esa vida y en otras anteriores.


Interlocutor: ¿Pero quien se ocultaba tras el nombre de Fulcanelli?


Ron Hubbard: Era un ser encarnado que lo único que buscaba era el transmutar a las almas.


Interlocutor: Bueno, está bien, pero algún nombre debía tener... ¿Es que no se quiere revelar por ahora quién era?


Ron Hubbard: No te olvides que el misterio impulsa a la búsqueda...


Interlocutor: Sí, entiendo, pero, por lo menos me gustaría saber si es alguien de la larga lista de posibles candidatos, entre ellos Pierre Dujols, Jaubert, personaje por determinar, un hermano de Dujols, el escritor J. H. Rosny (este nombre comprende a dos personas), Auriger, un hermetista, J.J. Champagne, Sauvage, R. Steiner, Max Roset y un tal Faugeron. Estos son nombres que tengo a la vista propuestos, aunque sin mucha convicción, por Héctor Morel, un investigador argentino del esoterismo... Queda descartado de la lista, por supuesto, que se trate de Canseliet o de un nombre colectivo...


Ron Hubbard: Puedes descartar de plano a todas esas hipótesis.


Interlocutor: Lo que es cierto, entonces, es que Canseliet era su discípulo y que Fulcanelli le entregó los manuscritos...


Ron Hubbard: Los manuscritos originales se perdieron.


Interlocutor: ¡Pero si yo recuerdo haber leído en mi juventud El misterio de las catedrales!


Ron Hubbard: Son manuscritos apócrifos. En esa época el papel no era de buena calidad y las páginas se pusieron amarillas. Además, no había medios para conservarlos como los hay ahora. Diversos autores que a través del tiempo estudiaron los originales para pasarlos en limpio fueron transformándolos a su gusto.


Interlocutor: ¿Y los originales?


Ron Hubbard: Simplemente los tiraron.


Interlocutor: ¿Pero nada queda, entonces, de lo que escribió Fulcanelli?


Ron Hubbard: Lo poco que ha llegado hasta esta época se encuentra desvirtuado por las interpolaciones.


Interlocutor: Parece que la historia siempre se repite... ¿Fulcanelli era alguien muy famoso o era un total desconocido en su época?


Ron Hubbard: Era un personaje muy conocido, pero prefirió guardar el anonimato porque en esa época la Alquimia estaba considerada como charlatanería. Fulcanelli necesitaba conservar su prestigio en razón de la altísima función que tenía y si hubiera dado a conocer sus estudios se hubiera seguramente granjeado muchos enemigos y su misión se le hubiera dificultado o resultado imposible.


Interlocutor: Maestro, ¿podría aunque sea dar un indicio para que los que somos buscadores podamos descubrir quién se ocultaba tras el nombre Fulcanelli?


Ron Hubbard: Tras el nombre Fulcanelli se ocultaba la personalidad más relevante del siglo XVI, e incluso su nombre figura entre los 100 personajes más importantes del segundo milenio. Una de sus frases pasó a la historia: "París bien vale una misa". Murió asesinado por un fanático al final de la primera década del siglo XVII.


Interlocutor: Tengo a la vista el prólogo de Canseliet a la obra de Fulcanelli "El misterio de las catedrales", donde, en uno de sus párrafos, dice: "Hace ya tiempo que el autor de este libro no está entre nosotros... deploro, ¡ay!, que desapareciera tan pronto... Mi maestro... desapareció al sonar la hora fatídica, cuando se produjo la Señal. ¿Y quién se atrevería a sustraerse a la Ley? Yo mismo, a pesar del desgarro de una separación dolorosa, pero inevitable...". Le pregunto, aunque parece obvio, si Canseliet se refería en estos términos al imprevisto asesinato de su maestro...


Ron Hubbard: Así es, son palabras referidas exactamente a su trágica muerte.


Interlocutor: Para concluir con este tema, ¿cuál es la razón de que se haya hecho tanto misterio sobre la Alquimia, que en definitiva no es más que la búsqueda de una transformación espiritual.


Ron Hubbard: Porque, como ya dije, en el reino de Bretaña, en aquella época, para proteger a esos grandes sabios, porque hubo más de uno, desvirtuaron toda la historia, e incluso los escritores que han corregido algunos manuscritos han dicho que la Alquimia era la transmutación de los elementos porque eso atrapaba mucho más. ¿A quién le interesaba en esa época transformar su alma? Obviamente a nadie, o mejor dicho a muy pocos. Sí les interesaba cualquier cosa que significa transformar los metales en oro.


Interlocutor: ¿Las catedrales tienen en realidad algo de hermético? Me refiero al libro de Fulcanelli "El misterio de las catedrales".


Ron Hubbard: Hay algunas catedrales que, en algunos momentos determinados, fueron habitados por monjes. Estos edificios tenían puertas corredizas disimuladas que daban a pasadizos secretos, que a su vez daban a habitaciones donde guardaban sus documentos y libros más preciados.


Interlocutor: Hay una película justamente que relata algo así. Me refiero al film El nombre de la Rosa, con el famoso actor Sean Connery, muy conocido como "James Bond", que hace el papel de un monje investigador y descubre esos documentos detrás de toda una parafernalia de pasadizos encubiertos. Recuerdo bien el film, entre otros motivos, porque en él trabajó el nieto del gran bajo ruso Fedor Chaliapin...


Ron Hubbard: En esa época era común tener habitaciones escondidas porque las comarcas estaban siempre en guerra unas con otras, y ésa era la única forma de proteger las posesiones más preciadas.


Interlocutor: ¿Pero, en concreto, la estructura de las catedrales tienen algún poder? Me refiero a si sus diseños guardan algún misterio.


Ron Hubbard: En esa época no tenían los conocimientos necesarios para hacer algo así. Lo que ocurre es que Fulcanelli también era un arquitecto brillante y diseñó dos o tres cámaras en algunas catedrales con poderes similares a los de las Pirámides de Egipto para atraer energía del espacio.


Interlocutor: ¿Las Pirámides de Egipto no eran enormes máquinas teletransportadoras?


Ron Hubbard: Así es, pero también eran canalizadoras de energía. No estoy hablando de cosas iguales, sino que quiero significar que las cámaras construidas por Fulcanelli tenían cualidades especiales. Y estas cualidades especiales eran en realidad lo que daba pie al misterio de las catedrales.


Interlocutor: ¿Entonces, el misterio de las catedrales no tenía ninguna relación con sus estructuras exteriores?


Ron Hubbard: No, nada que ver.


Interlocutor: Bueno, creo que por ahora podemos dejar este tema aquí.


Ron Hubbard: Los dejo con toda mi Luz.


Interlocutor: Gracias, Maestro y hasta luego.



                                                                 J.L.M.













 

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