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Atlántida - Antropología










Julia Calzadilla, cubana, Licenciada en Historia del Arte, nos envía unos apuntes sobre los hallazgos de posibles estructuras submarinas en las costas de su país y nos da su punto de vista sobre otros temas relacionados; El nombre de América, la Atlántida, El Diluvio   y   la   Leyenda  Maya.


APUNTES SOBRE EL HALLAZGO DE ESTRUCTURAS SUBMARINAS   EN   EL  OCCIDENTE  DE   CUBA:

¿OBRA   DE   LA  NATURALEZA  O  DEL  HOMBRE?

Julia Calzadilla Núñez - Licenciada en Historia del Arte        


                                           
Introducción


El hallazgo de enormes formaciones rocosas en los mares que bañan la península de Guanahacabibes constituye en verdad una sorpresa inesperada y apasionante para la arqueología submarina. Las expectativas a nivel internacional no decaen. Arqueólogos, geólogos, antropólogos, historiadores, filólogos, científicos estudiosos de culturas antiguas en sus diversas manifestaciones así como el público en general esperan los resultados de las investigaciones iniciadas en el año 2000 y continuadas actualmente, ahora con medios más avanzados de todo tipo. La insoslayable pregunta es si se está o no en presencia de estructuras megalíticas construidas hace miles de años por la mano del hombre o si, por el contrario, se trata solo de enormes formaciones naturales de piedra o de alguna otra formación geológica.

Citemos algunos datos: el descubrimiento realizado en el año 2000 por la empresa canadiense Advanced Digital Communications (ADC) --que conjuntamente con especialistas del gobierno cubano[1] lleva a cabo una labor exploratoria en busca de restos de naufragios ocurridos en estas aguas en siglos pasados--, se produjo de manera accidental mientras el equipo encabezado por la ingeniera marítima ruso-canadiense Paulina Zelitsky cumplía esta tarea en las aguas del occidente de la isla de Cuba. Estas gigantescas formaciones rocosas, posiblemente de granito --a las que Zelitsky atribuye una antigüedad de unos 6,000 años a.n.e. y por el momento considera como posible obra humana en espera de ulteriores evidencias probatorias--, están situadas a una profundidad de ca. 2,100 pies (650 metros) y, a primera vista, parecen tener una determinada organización que incluiría formas piramidales, según declaraciones del Dr. Gabino de la Rosa, especialista del Centro de Antropología Nacional de Cuba. No obstante, a pesar de que al año siguiente, en 2001, se prosiguió la labor de exploración con la ayuda de un robot submarino, las fuertes corrientes marinas y la poca visibilidad impidieron la toma de evidencias capaces de permitir afirmar una u otra hipótesis.

Este año 2002, el equipo ha regresado de nuevo a la zona y con sistemas de iluminación y equipamientos más potentes, prosigue sus investigaciones.

No asombra, pues, que semejante hallazgo haya dado pie a numerosas especulaciones que el propio equipo que participa en esta interesante misión de arqueología submarina ha tratado con sensatez de no alimentar sin contar aún con bases sólidas que permitan emitir un  fundamentado   juicio   científico.  

La importancia de la arqueología --en este caso submarina y además, prehistórica-- es indiscutible. La arqueología, en general, recupera los artefactos creados por el hombre y, a partir de ellos, tras analizarlos y clasificarlos, pasa al nivel de la industria, de ésta pasa al conjunto y "Cuando el arqueólogo describe varios conjuntos similares, en sitios diferentes, se refiere a ellos como hablando de una cultura." En resumen, que el correcto análisis y clasificación de los artefactos representa el punto de partida idóneo para llegar a establecer las relaciones sociales de una cultura antigua determinada,   ya  sea   prehistórica  o  histórica.

En el caso que nos ocupa, por el polémico debate suscitado hace años en torno al origen del hombre americano, la arqueología --en todas sus ramas-- tiene ante sí un reto que ha asumido con optimismo: reconocer y dictaminar si las estructuras megalíticas halladas son de hecho artefactos o meras formaciones naturales. En el primer caso, afirmar si los trazados que cubren las piedras son de hecho inscripciones; si lo fuesen,  a qué clase de escritura pertenecen y si son caminos y pirámides el resto de las estructuras que no han podido observarse con la nitidez requerida.

Todo ello serían descubrimientos de incalculable valor en la determinación de la génesis del llamado amerindio y de los contactos interoceánicos efectuados en la más remota Antigüedad. En tal sentido, las palabras de Sir Charles Lyell  resultan alentadoras: (...)"... es probable que una gran cantidad de monumentos producidos por la habilidad y la industria del hombre en el curso de las edades será obtenida conjuntamente del lecho del océano; dicha cantidad será todavía mayor de la que exista en un momento dado en la superficie de los continentes".

Y los autores F. Hole  y Robert F. Heizer añaden al respecto: "Si se quiere conocer un recuento ya bastante viejo de las tradiciones --algunas de ellas probablemente estén basadas en hechos ciertos-- acerca de establecimientos humanos en lugares que hoy están bajo la superficie de lagos o del propio océano, véase el informe que preparó Lord Bishop of Saint David (1859)." Interesante dato, teniendo en cuenta que dicho informe podría incluir continentes legendarios --y no solo  la Atlántida, sino también Mu (Lemuria)--, supuestamente desaparecidos bajo las aguas a causa de algún devastador cataclismo.

Ahora bien, como estudiosa desde hace más de cuatro décadas de la cultura del Antiguo Egipto y de las culturas antiguas en general, entre ellas las denominadas "precolombinas" de Mesoamérica y Perú, he tomado nota de diferentes informaciones que, en mi criterio, sería de interés desarrollar en el trabajo investigativo de mesa necesario para arrojar más luz sobre este tema que ha captado la atención de la comunidad científica y del hombre común a escala internacional, quienes esperan en un futuro relativamente cercano una respuesta conclusiva.

En los apuntes que siguen, no he desdeñado, por supuesto, las fuentes esotéricas consultadas por mí de larga data, aclarando que "esotérico" significa "lo oculto, lo velado en aras de preservar su pureza" y de ningún modo, "lo falso, lo resultante de la superchería" con lo cual, desafortunadamente, personas desconocedoras del verdadero significado de este término han establecido una incorrecta sinonimia. Por todo ello, afirmo categóricamente que, sin conocer y decodificar el simbolismo esotérico de las fuentes antiguas, el hombre de hoy, el hombre moderno, jamás podrá entender la esencia de aquellas viejas --y por lo general, sabias-- manifestaciones culturales.


a)     La   etimología  del  vocablo   América:

En mi libro La Gran Rueda (Una lectura decodificatoria de la Espiritualidad en los Misterios del Antiguo Egipto) el signo jeroglífico MER es uno de los pilares en torno a los cuales se fundamenta la teoría en él planteada sobre el recorrido iniciático en los Misterios egipcios. Analizado en toda su polisemia --amor, arado, pirámide, canal-- la huella de la voz Mer está presente en numerosos vocablos que en todos los casos apuntan a una elevada espiritualidad, i.e., Meru (Monte), Mercabah, el bíblico carro de Ezequiel, Ta-Mert, "la tierra bien amada", uno de los nombres del viejo Egipto.

¿Por qué no también en América, palabra que no deriva del nombre del navegante y geógrafo italiano "Americo" Vespucio quien, en realidad, se llamaba Alberico? La creencia generalizada es que fue Vespucio quien dio nombre al continente y que esta denominación se utilizó por primera vez en el siglo XVI. Analicemos dicho   error:

     En su magistral obra Isis sin Velo, Helena Petrovna Blavatsky, fundadora de la teosofía, presenta diversos argumentos que fundamentan su criterio de que el nombre América era muy anterior a la época de Vespucio: enlaza esta palabra, América, con la comarca montañosa nicaragüense denominada Americ, Amerrique o Amerique, "que se extiende entre Jucigalpa y Libertad en el departamento de Chontales (...)", señalando que en "el idioma indígena las terminaciones ic e ique significan grandeza, jefatura y dignidad, como por ejemplo cacique. Asimismo, apunta que en el relato de su cuarto viaje, Colón cita "el poblado de Cariai (probablemente Cacai) (...) situado en la cordillera de Amerrique, a unos 920 metros sobre el nivel del mar". Y añade: "Sin embargo, Colón  omite  en   su  relato  la  palabra  Amerrique".

     Aclara a continuación que la "denominación Provincia de América apareció por vez primera en un mapa publicado en Basilea el año 1522 (...)" y cita a Wilder (Notas) como corroboración de lo antes expuesto: "Es muy probable que la cordillera nicaragüense de Amerique (gran montaña como el monte Meru) diese su nombre a todo el continente, pues en caso de habérselo dado Vespucio, seguramente lo derivaría del apellido y no del nombre. Si llega a comprobarse la etimología atribuída por Bourbourg a las palabras atlas y atlántico, con su raíz atlan, concordarán admirablemente ambas hipótesis.

Como quiera que Platón no es el único autor que alude a un continente sito más allá de las columnas de Hércules, y teniendo en cuenta que el mar es poco profundo y abundante en algas en toda la región tropical del Atlántico, no es despropósito suponer que en aquellas latitudes existió un continente o un copioso archipiélago. También en el Pacífico se hallan indicios de que un tiempo existió un populoso imperio insular de raza malaya o javanesa, o tal vez un continente que se dilataba de Norte a Sur. Sabemos que el continente lemúrico es un sueño para los científicos, y que el desierto de Sahara y la comarca central de Asia fueron un tiempo mares".

b)     Sobre   la   polémica   Atlántida:

Analizar en detalle uno de los temas más debatidos en todo el planeta escapa, claro está, de los marcos de este trabajo. A seguir, empero, se aludirá en pocos párrafos a la descripción platónica de este "continente" y al llamado "error décuplo" planteado por los defensores de la tesis egea en detrimento de la atlántica, incluida la mención al evento catastrófico más universalmente referido:

" (...) Ahora bien, la Biblia nos cuenta de Noé lo que la epopeya de Gilgamesh cuenta de Utnapishtim. (...) En conjunto, son 80.000 las obras escritas en 72 idiomas sobre el Diluvio Universal, 70.000 de las cuales hacen mención de los restos del navío legendario. (...) Pero surge una pregunta: ¿aquella inundación babilónica es en realidad el diluvio de que nos habla la Biblia?

El equipo cubano está encabezado por los especialistas Dres. Gabino de la Rosa, Manuel Iturralde y José Díaz Duque, estos dos últimos del CITMA (Centro de Investigaciones sobre Tecnología y Medio   Ambiente).

Consiste en todos los artefactos de una misma clase que se encuentran eun un sitio determinado. En: Frank Hole, Robert F. Heizer, Introducción a la Arqueología Prehistórica, pág. 17.
Todas las industrias que concurren en un mismo lugar forman los conjuntos...

El Diluvio y la desaparición de la Atlántida


Una respuesta plausible sería vincular el Diluvio que algunos meteorólogos atribuyen a un tornado devastador acompañado de terremotos y lluvias torrenciales de esa magnitud, del tipo ocurrido en el territorio del Ganges en  1876 con la explosión del volcán Santorín, en la isla de Thera a unas 60 millas al norte de Creta, aproximadamente en el 1,400 a.c., hipótesis que gana apoyo creciente como explicación del fin oscuro y abrupto de la civilización Atlántida, supuestamente ubicada en el Mar Egeo y no en  el  océano   Atlántico.

Este último error, muy difundido, se debería entonces a una interpretación equivocada por parte de los sacerdotes egipcios de los parecidos símbolos    (100) y (1000) de la escritura linear cretense --que estos habrían vertido en los jeroglíficos (100) y (1000)--, transmitida después a Solón, y por intermedio de éste, a Platón, volcados ya en sus equivalentes (100) y (1000) de la escritura ática griega. Sin embargo, lo cierto es que a los diálogos platónicos Timeo donde la isla atlante (¿Thera?) es descrita en términos muy parcos y generales-- y después al Critias aquí con datos más abarcadores y precisos-- se debe la primera mención que conocemos de la controvertida  Atlántida.

El sismólogo griego Angelos Galanopoulos es el más fuerte sustentador de la hipótesis egea y de que el error interpretativo de los símbolos matemáticos, si no fue debido a Solón, tuvo lugar cuando éste conoció dicha historia por boca de los hierofantes egipcios: ´En tiempos de Solón, los números griegos eran imprecisos y fáciles de confundir, pero no podemos asegurar dónde se originó el error décuplo (...) el aumento décuplo se debió en efecto a un error de traducción; ello explicaría el porqué las cifras inferiores a 1,000 son correctas. La longitud del canal desde el centro de la metrópolis hasta el mar es de 50 estadios, 5 ½ millas, lo que atribuye al palacio y a la ciudad circundante un diámetro de 11 millas, precisamente el de   Thera.

El Dr. Galanopoulos sugiere que Platón, confundido por el error décuplo, situó a la Atlántida en el Océano Atlántico, más allá de Gibraltar (...) simplemente porque no encajaba en ningún otro sitio. (...) El Dr. Galanopoulos expresa que, evidentemente, en los documentos egipcios no se mencionan las Columnas de Hércules y que, para los egipcios, la Atlántida se encontraba en el Mar Egeo. (...) Se sabe añade-- que la mayor parte de las hazañas de Heracles o Hércules fueron realizadas en el Peloponeso, sin conexión alguna con Gibraltar.

El también considera que las Columnas de Hércules se refieren en realidad al cabo Malea y al Cabo Tainaron (Cabo Matapan) en el  Peloponeso y, de ningún modo, a Gibraltar. (...) Ello quiere decir que las columnas fueron introducidas en la historia por Solón y que no contaban en el registro original egipcio. (...) De hecho, el Dr. Galanopoulos cree firmemente que la historia de la Atlántida no es sino otra de una familia de mitos relacionados entre sí. La leyenda griega del diluvio de Deucalión, a su juicio, también se origina en la erupción [del volcán Santorín] y en el colapso de Thera. El diluvio de Deucalión es la contrapartida griega del Diluvio bíblico y de la inundación babilónica del Utnapishtim de la Epopeya de Gilgamesh. Además, el Dr. Galanopoulos relaciona otros mitos o leyendas griegas y la narración bíblica del Exodo con la cataclísmica erupción de  Thera.

"Es indudable que esta potentísima erupción volcánica habría repercutido en numerosos territorios del mundo antiguo, ya fuese en forma de lluvia de agua o de lava, de polvillo volcánico como los que se cuenta cubrió los cielos del Egipto--, de temblores de tierra o de gigantescas olas tipo tsunami. En las tablillas de Tell-el-Amarna, en esta fecha, cesa toda mención a los Hau-nebu, identificados como cretenses o griegos.

"La referencia a la desaparición de la Atlántida y a su posible ubicación en el Mar Egeo no podía omitirse por su conocido nexo, a través de la figura de Osiris, con los orígenes del pueblo egipcio. Tampoco podía pasarse por alto por su evidente vínculo con los citados mitos diluvianos y con la emparentada y universal simbología que estos encierran, sin descartar la identificación de las citadas columnas con los pilares esotéricos Ida y Pingalá, dado el comprobado emblematismo de los trabajos de Hércules.

"Su explicación exotérica, como es obvio, se fundamentaría en el estallido del volcán Santorín; la esotérica, igualmente obvia, en la connotación hermética del mito de las aguas y de los elementos con él relacionados, similares y constantes en sus distintas versiones(...)"

a)  Las   raíces   a   y   atl

Es cierto que no hay ningún dictamen definitivo acerca de la existencia o no de la Atlántida, en cualesquiera de sus hipótesis. Sin embargo, es innegable que las raíces a y atl no son de origen griego, sino puramente americano, tolteca o náhuatl, y según la propia H.P. Blavatsky, el estudioso Brasseur de Bourbourg (citado por Baldwin en sus Naciones prehistóricas de América), tras analizar la etimología de la palabra Atlanta, encontró que estas raíces "significan agua, guerra y coronilla de la cabeza", que "de estas raíces derivan varias voces, como atlan (a orillas o en medio de las aguas) y atlaca (combatir)" y que de "atlan se formó el adjetivo atlántico.

Y Bourbourg agrega que: "Cuando Colón descubrió el continente americano, existía la entrada del golfo de Uraha, en la comarca del Darién, un excelente puerto, que hoy es la insignificante aldea de Aclo." La lógica conclusión de H.P. Blavatsky es que: "Verdaderamente, resulta muy extraño encontrar en América una ciudad cuyo nombre (de elementos filológicos puramente locales y extraños a todo otro país) coincide con el empleado en la supuesta ficción de un filósofo que floreció 400 años antes de J.C."

Aquí, una vez más, a pesar del rechazo tajante e inexplicable que muchos estudiosos de gran valía hacen del esoterismo, ya sea antiguo o moderno, es necesario aplicar el enfoque esotérico y la decodificación simbólica que opera en la llamada Ciencia Transmutatoria o Gran Obra del Antiguo Egipto --equivalente del tantrismo blanco hindú-- para comprender el porqué de estas acepciones en apariencia tan desvinculadas entre sí. En este análisis, el esoterismo antiguo ocuparía un lugar destacado si se aborda este tema con una visión antigua y no desde una óptica moderna y, dentro de la simbología velada que sería preciso deshermetizar para entender el mensaje oculto de textos, monumentos y de cualquier otra manifestación religiosa de las viejas culturas solares y ofiolátricas, el simbolismo de "agua, guerra y coronilla de la cabeza" harían  referencia,  respectivamente,  a:

Agua: aguas espermáticas, ens seminis, emblematizado en el elemento mercurio que, junto al azufre (fuego fohático femenino ubicado en el raquis humano o "serpiente" Kundalini), constituyen los dos agentes principales de la "alquimia" mistérica.

Guerra: la que debe entablar el adepto consigo mismo para exterminar sus "yoes" mezquinos en la obra destinada a alcanzar la "muerte psicológica o mística" mediante la aniquilación de su "ego bestial". (Ra en el Antiguo Egipto, Ares-Marte en la mitología greco-romana). 

Coronilla de la cabeza: clara alusión al séptimo chakra (abertura de Brahma) como símbolo de la plena autorrealización del iniciado.

¿Qué otra relación podría existir entre estas tres acepciones? ¿No es acaso significativo que cóatl --conservando la partícula atl-- significase precisamente "serpiente", y que el Quetzalcóatl o "serpiente emplumada" azteca (Kukulcán maya) correspondiese a la Madre Kundalini Isis mostrando ya las alas del Horus halcón? Más adelante se analizará la teoría de la "invención independiente" y la de posibles contactos interoceánicos ocurridos en tiempos muy remotos. Veamos ahora otro elemento sumamente desconocido y que, como lo anterior, debe estudiarse con más profundidad en lo tocante a las estructuras submarinas halladas junto a la península cubana de Guanahacabibes.

b)  El   Libro   de   Dzyan:

Considerado uno de los textos sagrados más antiguos --quizás el de mayor antigüedad-- y de simbología más críptica, las diversas partes que componen este libro se encuentran dispersas por todo el planeta. Nadie conoce con exactitud cuándo fue escrito. Según refiere Erich von Däniken --conocido por haber dedicado gran parte de su vida a rastrear el origen del hombre-- se cree que este libro apareció del otro lado del Himalaya y que "por caminos desconocidos, sus doctrinas se filtraron hasta el Japón, India y China, e incluso en las ´tradiciones´ sudamericanas se han encontrado huellas de las mismas." Y explica al respecto: "En algunos países me citaron a menudo esta doctrina, pero aún no he encontrado a nadie que haya visto una copia ´verdadera´ de la obra. Las partes del libro de Dzyan que se han llegado a conocer están desparramadas por el mundo en forma de miles de textos traducidos del sánscrito.(...)  

Expresa este autor que la doctrina que encierran dichos textos ha sido considerada durante milenios como "alto secreto" en las criptas tibetanas e informaría sobre la Creación y el desarrollo de la Humanidad a lo largo de millones de años, conceptos analizados y explicados en profundidad por  H.P. Blavatsky en otra de sus obras pilares de la Teosofía, La Doctrina Secreta, publicada en 1888 y accesible en una traducción moderna en forma de Estrofas o Stanzas. Pero ¿por qué esta mención del Libro de Dzyan en el asunto que nos ocupa?   Porque,  según  afirma  von  Däniken:

"El Libro de Dzyan hace notar, con toda exactitud, que en el año 9564 a. de J.C. se hundieron grandes franjas de tierra entre las actuales costas de Cuba y Florida".La legendaria Atlántida no se ha localizado hasta ahora. ¿Podría identificarse con la zona sobre la que informa el libro de Dzyan? No lo sé. Quizá con la Atlántida ocurre lo mismo que con los OVNIS: no pueden ser arrancados de la fantasía de la Humanidad./ Mahabharata, Cábala, Sohar, Dzyan..., identidad de unos hechos que nos marcan una dirección. ¿ Podrán ser   informes  de  realidades  pasadas?"


c)  Leyenda maya sobre el origen de la isla de Cuba:

Vistas ya estas antiguas referencias etimológicas y podría decirse que topográficas sobre el continente americano y el golfo de México, se verá ahora en detalle una vieja leyenda maya donde se establece expresamente el vínculo entre la península de Yucatán y la porción de tierra que llegaría a convertirse en la isla de Cuba como otro ejemplo del extendido fenómeno del catastrofismo en épocas pasadas. Se sabe que la mención de un cataclismo en los mismos albores de la Tierra aparece en infinidad de textos antiguos: diluvios, terremotos, erupciones volcánicas que, en ocasiones, habrían sido responsables de la desaparición de civilizaciones grandiosas como la legendaria Atlántida, atribuida --en la hipótesis egea-- al estallido del volcán Santorín, en la isla de Thera del archipiélago cretense alrededor   del   siglo   XV  a.c.

Yucatán no constituye una excepción en el elenco del catastrofismo primigenio, en este caso por un diluvio de inmensas proporciones consignado en un libro maya (Analte) que ha originado a su vez tradiciones, mitos y leyendas. En la que aparece a continuación,  la raíz de los siboneyes --como pobladores autóctonos de Cuba-- se hunde en tierras yucatecas, teoría que se vería corroborada por arqueólogos como Mark Harrington, "quien primero indicó la procedencia sudamericana de este grupo no agrícola, al que llamó ciboney,",  [aunque]en  aquella época (1915) no había evidencias arqueológicas de la forma en que esa inmigración pudo haberse producido. Posteriormente, el hecho de que implementos de concha hubiesen aparecido en la Florida, Estados Unidos, en "mounds" parecidos a los nuestros, hizo que los investigadores pusiesen la vista en esa región, como punto de origen de ese Complejo cubano (Osgood, 1942, García Robiou, 1953). Recientemente, los hallazgos de las costas de Venezuela han hecho cambiar este cuadro y el origen sudamericano para este grupo no ceramista, parece que ya es más seguro, como lo es, sin duda, para el grupo ceramista, que fue penetrando en la Isla en oleadas sucesivas, llegadas de las otras islas de   las   Antillas.


Y obsérvese cuán acertadas demostraron ser en nuestros días estas afirmaciones del Dr. Rivero de la Calle al referirse a los diversos procesos de sumersión y emersión sufridos por nuestro territorio: (...)"Todas estas islas de las Antillas fueron gestadas en el fondo del mar, hace millones de años, y una vez que emergieron, debieron de estar unidas formando un pequeño continente, como lo prueba la analogía de la fauna terrestre que existe entre ellas. Su conexión o no con el continente, ya sea por la Florida, Yucatán o Venezuela, es un punto todavía en estudio, no obstante, si esa conexión existió, fue hace miles de años y las mayores probabilidades, de acuerdo con las afinidades de la fauna, parecen ser con la península de Yucatán."   

No debe pasarse por alto el simbolismo del número siete. Asimismo, H.P. Blavatsky expresa en la citada Nota 51 de su Op. Cit, que tal vez algún día el nombre de América "se vea relacionado con el sagrado monte Meru, que, según la tradición inda, se alza en el centro   de   los   siete  continentes...

Al analizar esta leyenda, se hace más evidente el supuesto error de nomenclatura cometido en la transcripción del Génesis, que habría atribuido "a Caín el papel de agricultor y a Abel el de ganadero (alegoría de la sustitución de la vida nómada por la vida sedentaria). Llegado este punto, el análisis de Eliseo Reclus invita a la reflexión. Si nos colocamos en el punto de vista que fue sin duda el de los Caldeos, redactores originarios de la leyenda, Caín es, pues, un personaje muy diferente del que nos representa nuestra imaginación, influida por la copia fiel del documento, y el primer asesinato atribuido al labrador no debe imputársele de manera alguna, porque no coincide con la verdad social. Históricamente, en los ataques de pueblo a pueblo, el ataque no viene del labrador pacífico, sino del nómada que va en busca de tierras nuevas.

Por lo demás, la idea del asesinato había de nacer más fácilmente en el hombre que degüella y desuella animales que en el que se ingenia para construir el arado de madera.

La historia del primer asesinato, referida bajo la forma judía, es   en   realidad   la primera  calumnia."

De este modo, hecha ya la corrección planteada por Reclus y trasladando ambos papeles a Balam-ek y a Sibon-ek, podría inferirse que este último sería el representante del pastoreo y el primero, de la agricultura, carácter que habría prevalecido en la condición de grupo no  agrícola  como  lo  fue  el   ciboney.

"Es lamentable que, por apartarse del tópico tratado, no sea posible profundizar más sobre una cuestión tan controvertida como la lucha entre hermanos --por lo general gemelos-- que también ejemplifica el caso de la suplantación de Esaú por Jacob (Gn.25, 19-34), "combate" que, llevado a su expresión última de acuerdo con los Misterios antiguos, llegó a encarnar la lucha entre los principios del bien y del mal (Osiris-Seth, Ormuz-Ahrimán, etc.)." En  la leyenda maya,  sería posible decodificar con el rigor exigido cada uno de los personajes que en ella intervienen, así como el papel desempeñado por el descomunal desbordamiento de las "aguas" que terminan por separar a ambos hermanos, emblemas quizás de los principios femenino y masculino ya separados tras la escisión de la androginidad original (Véase   Hermes-Afrodita).

Conclusiones

Por último, conociendo las hipótesis sustentadas, i.a., por eruditos de la talla de Alejandro de Humboldt y Manuel Rivero de la Calle, así como por la propia ingeniera marítima Paulina Zelitsky --responsable de las exploraciones de arqueología submarina que se llevan a cabo actualmente en  las costas occidentales de Cuba--, vista ya la legendaria raíz del grupo ciboney y de la propia Isla de Cuba y conociendo que el grupo taíno procedía también de tierras sudamericanas, adquieren aún más fuerza las afirmaciones halladas en los libros esotéricos antes citados referentes a la real pertenencia de la isla de Cuba al continente americano en un período que podría remontarse a miles o incluso a millones de años. Claro está, las diversas sumersiones y emersiones que pueden haberse producido en dicho territorio durante ese lapso de tiempo, unido a cataclismos de índole volcánica de gran intensidad, caídas de meteoritos, etc., deben haber contribuido a transformar la estructura original de tierras y aguas.

 La conexión territorial con la Florida no excluye la conexión territorial con la península de Yucatán. Es innegable que el atraso cultural del grupo ciboney no está en correspondencia con el desarrollo cultural del pueblo maya, enigma que podría develarse una vez establecida la cronología pertinente. Sin embargo, los puntos de contacto entre diversas manifestaciones, como por ejemplo, el carácter religioso y el desarrollo del juego de pelota de mayas y taínos, es también otro motivo de reflexión. También podría serlo que en el primer período maya, al norte de la península yucateca y situada entre Chichén Itzá y Tuluum, hubiese una zona denominada Coba, vocablo que podría asociarse con Cuba.

Quizás las estructuras megalíticas con posibles inscripciones vislumbradas hasta el momento constituyan arcaicas estelas mayas o de alguna otra cultura prehistórica capaz de erigir también caminos y construcciones piramidales. No debe olvidarse que "pirámide" es una de las acepciones de la voz Mer y que a medida que han ido surgiendo nuevas evidencias sobre los vínculos, i.e., entre América y Asia, la teoría del aislamiento americano ha dado paso a la certeza de un contacto prolongado entre estas y otras tierras.

Pruebas irrefutables de ello son diversas prácticas comunes tales como la construcción de monumentos megalíticos, la heliolatría, la ofiolatría, los mitos  de la Creación, el diluvio, cataclismos volcánicos, el origen divino de los reyes, la momificación, las estructuras piramidales, la escritura jeroglífica, el simbolismo de piedras preciosas (jade, etc). Por todo ello, apoyo a quienes han desechado la teoría del "origen independiente" de las culturas precolombinas y, sobre todo, la de Florentino Ameghino en cuanto al carácter autóctono de los primitivos pobladores americanos. Thor Heyerdahl, el gigante cultural unificador de pueblos, se encargó también de demostrarlo con sus expediciones "Kon-Tiki" y "Ra II".  

En lo adelante, los investigadores  que participan en  la exploración del ADC-Cuba tienen ante sí la tarea de alcanzar las importantes metas planteadas por la arqueología moderna: a) datación y clasificación de los artefactos y estructuras mediante el análisis de laboratorio de sedimentos, fósiles y en general, de cada estrato geológico, así como la conservación correspondiente, b) la reconstrucción de lugares y ambientes a partir de artefactos, industrias y  conjuntos hasta delinear el marco de la cultura de que se trata, c) explicación de los resultados, todo ello con el auxilio ininterrumpido de la información más rigurosa y a la vez abarcadora que pueda recopilarse.

Y si bien en el campo de la arqueología moderna métodos de datación como la palinología, la paleontología, la datación por radiocarbono, por magnetismo, el índice de sedimentación son, entre muchos otros, valiosos instrumentos científicos para el arqueólogo, geólogo, ingeniero marítimo, biólogo, lingüista y demás investigadores, no debe dejarse a un lado la consulta, estudio y decodificación de textos esotéricos antiguos que, como se ha visto, a lo largo de los siglos son capaces de suministrar asombrosas   y   certeras   informaciones  científicas.

BIBLIOGRAFIA

--Blavatsky, Helena Petrovna. Isis sin Velo, Tomo II. Ediciones Novedades   de   Libros,   México   D.F.,  1953.

--Calzadilla, Julia. La Gran Rueda (Una lectura decodificatoria de la Espiritualidad en los Misterios del Antiguo Egipto). (Inédito, aprobado  para  su  publicación).

--Däniken, Erich von. Regreso a las Estrellas. Plaza & Janes, S.A. Editres,   Barcelona,  1975.

--Hole, Frank y Heizer, Robert F. Introducción a la arqueología prehistórica., Fondo de Cultura Económica, México, 1983.

--Mackenzie, Donald A. América Precolombina (Mitología).Edimat Libros,  Madrid,  s/f.

--Rivero de la Calle, Manuel. Las culturas aborígenes de Cuba. Editora   Universitaria,   La  Habana,  1966.
--Ruz Lhuillier, Alberto. La civilización de los antiguos mayas.Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974.
--Séjourné, Laurette. Antiguas culturas precolombinas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974.
















 

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