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El Arte Regio de la Naturaleza










El Arte regio de la Naturaleza, objetivo, real, trascendental, que contiene preciosas verdades cósmicas, basado en la Ley del Siete.


A través del Arte se manifiesta el Espíritu, los anhelos de Ser se plasman y materializan en el lienzo, en el papel, en la piedra, se expresan también a través de la expresión corporal, verbal y de la música.


El arte es intentar buscar al Ser dentro de algunas de las ramas especificadas, a través de esa búsqueda perfeccionamos la rama dentro de la cual nos movemos.


Dentro del arte tenemos dos concepciones: el arte objetivo y el subjetivo.


El subjetivo, lleno de racionalismos vanos y temporales, encajonado en la época en la que se desarrolla, no trasciende esa época con gloria, porque se manifestó como arte materialista, vibrando y recogiendo el egoísmo y todo tipo de subjetivismos del momento.


Sin embargo el arte objetivo, como el Arte Regio, el Arte de la Naturaleza, siempre actual, vivo y con la trascendencia del Ser vibrando en su creación.


Este arte trascendental y atemporal, que algunos seres del pasado vivieron con intensidad y trataron de plasmar toda su grandeza y gloria en obras que hoy nos dejan maravillados y que en algunos casos nos sería imposible de realizar, como lo son las pirámides egipcias, aztecas, mayas, etc.; esculturas, tallas, lienzos que han traído la historia viva en sus formas, colores y escenas, dándonos a conocer intuitivamente la grandeza, delicadeza, amor y sabiduría que tuvieron las manos y los corazones de quienes lo realizaron.


Esta definición es la que nos ha llevado a elaborar esta exposición, ya que aunque sale en muchos escritos, nunca quedaba muy claro que es el arte regio de la naturaleza y tampoco su verdadera utilidad.


En realidad la definición sugería más interrogantes que repuestas. Es nuestra intención tratar de aclarar algunas dudas intentando no sugerir otras nuevas.


Puede parecer extraña la temática, pero precisamente uno de los motivos de este tema es porque el arte regio de la naturaleza es un vínculo común que une todas las culturas.


En todas ellas encontraremos obras de arte que han trascendido el tiempo e incluso a su propio autor, siendo admiradas por todas las generaciones posteriores a su realización sean de la cultura que sean.


¿Porqué hay obras de arte que interesan miles de años después de haber sido realizadas y hay otras que ni siquiera trascienden una generación o una década?


Precisamente aquellas obras de arte que se pueden incluir dentro de lo que denominamos arte regio de la naturaleza, son las que contienen los principios que hacen de ellas piezas trascendentales, atemporales y que aun siendo una afirmación muy arriesgada, podríamos decir que pertenecen al arte objetivo y no al subjetivo.


Digo arriesgada porque habrá mucha gente que no creerá que pueda haber un arte objetivo y otro subjetivo, ya que siendo personas las que han realizado tales obras, parece difícil establecer que haya artistas que puedan trabajar objetivamente frente a artistas que trabajen de forma subjetiva.


Si esto es así, el arte subjetivo carecería de cualquier interés frente al arte objetivo, que de hecho es lo que ocurre.


Aclaremos primero si puede o no haber un arte objetivo, pues es uno de los puntos centrales del tema.


El diccionario de la real academia de la lengua española nos define así los siguientes términos:


OBJETIVO: adj. Perteneciente o relativo al objeto en sí y no a nuestro modo de pensar o de sentir. Fil. Dícese de lo que existe realmente, fuera del sujeto que lo conoce.


SUBJETIVO: adj. Perteneciente o relativo al sujeto, considerado en oposición al mundo externo. Relativo a nuestro modo de pensar o de sentir y no al objeto en si mismo.


Se hace difícil pensar que un artista cuando realiza una obra de arte pueda abstraerse a tal punto de no inmiscuirse en el resultado de forma que no quede en la obra algo relativo al sujeto, es decir que no sea relativo a su modo de pensar o de sentir.


Parece incluso un contrasentido que esto pueda ocurrir ya que es el propio individuo el que realiza la obra de arte.


En realidad la cuestión de la subjetividad está en relación al desarrollo espiritual de dicha persona, ya que si el artista está convenientemente desarrollado, la obra estará relacionada con los valores del Ser y no con los intereses egóicos que son los que le darían el aspecto subjetivo a la obra.


En definitiva el artista que trabajara objetivamente se vaciaría de sus propios contenidos para convertirse en un mero instrumento del que brotará la obra.


Véase pues que hay una directa relación entre el desarrollo espiritual y la presencia de ego en el artista ya que son inversamente proporcionales.


¿POR QUÉ DE LA NATURALEZA?


Se llama arte regio de la naturaleza aquel que esta realizado según las leyes que rigen en la naturaleza.


La creación sigue unos patrones de peso, proporción, medida, etc, cuyo resultado lo vemos plasmado en la naturaleza de forma que jamás veremos una disonancia o distorsión a no ser que haya intervenido el hombre.


Un paisaje jamás parece desequilibrado, o inarmónico.


No encontraremos desproporciones que nos causen una mala sensación.


No veremos dos colores en la naturaleza que sean agrios o no estén equilibrados por muy intensos o poco relacionados que parezcan.


Cuantas veces vemos puestas de sol o paisajes que al pasarlos a un lienzo, hacen daño a los ojos y sin embargo al natural nos parecían maravillosos.


La naturaleza sigue determinadas pautas que hacen que sus elementos se relacionen siempre de forma armónica.


El artista que trabaja de forma objetiva será el que realice sus obras con los mismos principios con los que crea la naturaleza.


Esto lo hará consciente o inconscientemente.

Tanto en un caso como en el otro, el grado en que lo conseguirá estará directamente relacionado con el desarrollo espiritual del mismo.


LA PROPORCION AUREA


Descubrir que leyes o patrones sigue la naturaleza en su creación ha sido una constante en el desarrollo de la humanidad.


Se ha teorizado lo indecible, sin embargo, el hombre desde la antigüedad ha descubierto determinados comportamientos de la naturaleza que siguen patrones matemáticos o geométricos relacionados con lo que se ha llamado el número de oro o la proporción áurea.


¿Que es la proporción áurea?


La proporción áurea es la división armónica de una recta en extrema razón.


Es decir que el segmento menor, es al segmento mayor, como éste es a la totalidad de la recta.


O cortar una línea en dos partes desiguales de manera que el segmento mayor sea a toda la línea, como el menor es al mayor.


De esta manera se establece una relación de tamaños con la misma proporcionalidad entre el todo dividido en mayor y menor, esto es un resultado similar a la media y extrema razón.


Esta proporción o forma de seleccionar proporcionalmente una línea se llama proporción áurea, se adopta como símbolo de la sección áurea y la representación en números de esta relación de  tamaños se llama número de oro = 1,618033 = phi.


Este número tiene varias propiedades.


Se trata de un número irracional cuyo valor exacto es:

1 + v 5

f = -----------


Tiene infinitas cifras periódicas y tanto su inverso como su cuadrado tienen las mismas cifras decimales que el mismo.


f = 1,618033…

1 =f = 0,618033…

f ² = 2,618033…


Desde la antigua Grecia ya se utilizaba esta proporción tanto en la arquitectura como en la escultura, de forma que era considerado como canon obligado y fue Eudoxo (de la escuela platónica) el que demostró el carácter no racional de dicho número así como sus propiedades geométricas.


Denominaban a un rectángulo como áureo, si la relación entre sus lados estaba en dicha proporción, teniendo estos la propiedad de que al descomponerlo en un cuadrado de lado el menor y un rectángulo, este último sigue siendo áureo.


A B

CD CE

----- = -----

DE BE

C D E


Partiendo de un cuadrado, si hacemos un arco con la diagonal creada desde la mitad de la base hasta un vértice obtendremos un rectángulo de proporción áurea donde se cumple que   


CD / DE = CE / BE = 1,618033…


Además también se cumple que la proporción en las diagonales ya que


AE / BD = f


El rectángulo mayor es proporcional al menor.


Esta relación se podría continuar hacia más grande y hacia más pequeño.


Todos los rectángulos que se incluyen son proporcionales y áureos. En 1202, Leonardo da Pisa (apodado Fibonacci) haciendo un estudio sobre la cría de conejos, encontró su célebre sucesión de enteros:


1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144….


Esta sucesión está íntimamente relacionada con el número áureo.


Por un lado vemos que se obtiene de sumar un número con el anterior y el resultado será el siguiente número de la sucesión.


Por otro lado, cuando dividimos cualquier numero entre su anterior en la sucesión, obtenemos un nuevo número que se aproxima cada vez más al número áureo cuanto mayor es el valor del número escogido.


1 / 1 = 1

2 / 1 = 2

3 / 2 = 1,5

5 / 3 = 1,66

8 / 5 = 1,60

13 / 8 = 1,625

21 / 13 = 1,615

34 / 21 = 1,619

55 / 34 = 1,617

89 / 55 = 1,6181


Esta secuencia es lo que se ha llamado secuencia Fibonacci y se encuentra en numerosos estudios sobre la naturaleza.


Estudios botánicos ligados a la filotaxia (disposición de las hojas) presentan muchos árboles y frutos como la piña común donde un cociente marca la rotación que interviene en el paso de una hoja a otra o de una lámina a otra.


La estructura de muchas caracolas como el nautilus sigue una espiral igual o muy similar a la espiralFibonacci.


También las espirales de los girasoles siguen la razón áurea.


Si observamos la figura anterior veremos otra particularidad en el desarrollo de las diagonales de los cuadrados inscritos en cada rectángulo áureo.


El valor de las diagonales sigue la secuencia Fibonacci y por tanto los lados de los cuadrados también la seguirán.


Esta proporción ha sido utilizada desde tiempo inmemorial y podemos verla representada en innumerables obras de arte, desde las pirámides de Egipto, el Partenón de Atenas, la catedral de Notre Dame de París o incluso en la actualidad el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York.


Recientemente se le pregunto a un profesor de la universidad de arquitectura de Barcelona sobre si se utilizaba la proporción áurea actualmente.


Contestó que se enseñaba, aunque sin darle mucha importancia y que se utilizaba para construir “rectángulos bellos o agradables que facilitaban enormemente la descomposición en espacios menores armónicos”.


También podemos encontrar rectángulos de proporción áurea en muchos objetos cotidianos como las tarjetas de crédito o el carné de identidad, que si no cumplen la proporción áurea, si se aproximan mucho a ella.


En escultura hay numerosas muestras de obras realizadas con esta proporción especialmente en Egipto y Grecia.


También encontramos numerosas representaciones en la pintura, desde la antigüedad hasta la actualidad en donde encontramos obras de Dalí, Escher o Julio Torres García que componía todo con el compás áureo.


El compás áureo es un compás de tres brazos que se abre simultáneamente en sus dos extremos, teniendo el punto de unión de sus brazos fuera del centro de tal manera que las distintas aberturas de sus dobles brazos corresponden a las medidas mayor y menor proporcionales entre si.


De esta manera la proporción mantenida entre sus dos medidas será siempre f .


Pero si hay una obra conocida que está realizada bajo la estricta mirada de la sección áurea esta es “el hombre de Vitrubio”.


EL HOMBRE DE VITRUBIO


En su “Studio”, también conocido como el hombre de Vitrubio, Leonardo da Vinci realiza una visión del hombre como centro del universo al quedar inscrito en un círculo y un cuadrado.


Realiza un estudio anatómico buscando la proporcionalidad del cuerpo humano.


Sigue los estudios de Marcus Vitruvius Pollio, arquitecto romano del siglo I a.c. a quien Julio Cesar encargó la construcción de máquinas de guerra. En época de Augusto escribió los diez tomos de su obra “De architura”.


Tuvo escasa influencia en su época pero no así en el renacimiento. Su obra fue publicada en Roma en 1486 realizándose numerosas ediciones.


Parece indudable que Leonardo se inspiró en el arquitecto romano. Este dibujo representa las proporciones que pueden establecerse en el cuerpo humano, en especial la proporción á urea.


La estructura ósea se basa en la relación f . Los huesos de las manos mantienen esta relación entre si. El primer hueso del dedo tiene una relación f con respecto al segundo y este respecto al tercero. Esto se da igualmente en los huesos de los pies y de las piernas.


Los brazos se hallan extendidos al igual que las piernas y en esta posición se forma un cuadrado que rodea de forma perfecta al cuerpo.


De aquí se establece la relación entre la altura y la envergadura de los brazos.


El centro se halla en la base de la espina dorsal. Cuando desplegamos brazos y piernas se forma un círculo cuyo centro se encuentra en el ombligo.


El círculo y el cuadrado se juntan en los pies y la distancia entre el ombligo y la base de la espina dorsal es exactamente la mitad de la existente entre la parte superior de la cabeza y la línea del círculo.


Para Leonardo, el hombre era el modelo del universo y lo más importante era vincular lo que descubría en el interior del cuerpo humano con lo que observaba en la naturaleza.


En el dibujo de Leonardo se puede apreciar que éste trazó distintas líneas corporales en diferentes partes de los brazos, rodillas, centro del pecho, cuello etc.


Si extendemos estas líneas nos quedará la figura circunscrita en una especie de tablero de ajedrez donde se pueden observar proporciones ciertamente interesantes.


LA LEY DEL SIETE


La ley del siete, también llamada ley de heptapahaparshinok, constituye junto con la ley del tres, el fundamento sobre el cual se sostiene todo el universo.


Hay innumerables muestras de ello. Siete notas musicales, siete colores, siete días de la semana, siete pecados capitales, siete rondas, siete razas, siete subrazas, siete cosmos, siete rayos, siete tipos de hombre, siete cuerpos, siete chacras…


El siete organiza. ¿Por qué?


Primero es el uno, la unidad como manifestación, al moverse crea al dos ya que pasa de donde estaba a donde está.


El dos representa la dualidad, la polaridad.


Del uno y el dos sale el tres que representa la creación, la referencia respecto de la dualidad, masculino femenino y neutro.


Después viene el cuatro que orienta, genera el espacio, los puntos cardinales.


Sigue el cinco que centra, a partir de los puntos cardinales, al generar un nuevo punto, sitúa la orientación.


El seis empareja y el siete los organiza como punto externo al emparejamiento.


Cuando una obra de arte está fundamentada en la ley del siete hará resonar o vibrar adecuadamente todas las partes del individuo que la observa.


A las personas que les preguntas sobre la manifestación de la conciencia o bien no sabrán responder o bien creerán que salvo cuando están dormidos están conscientes.


Sin embargo prácticamente todo el mundo puede recordar algún momento de su vida en que, estando inmerso en un paisaje muy bonito, ha experimentado una sensación de paz total, sin pensamiento ni proyección de pensamiento, profundo bienestar.


Curiosamente se identifica más este estado por el momento de perderlo que por el momento de vivirlo.


Además se desvanece con suma facilidad ya que un simple comentario tipo “oh que bonito” nos hace perder ese estado.


Otra particularidad es que, habiéndolo vivido probablemente hace muchos años, seguimos recordándolo aunque tan solo duró algunos segundos o aun menos.


Esa es la verdadera manifestación de la conciencia que desgraciadamente en las personas que no trabajan sobre si mismas tiene muy poco espacio de manifestación.


Pero lo que interesa es ver que es común esa manifestación en paisajes y situaciones de singular belleza relacionados con la naturaleza.


Es pues allí donde podremos encontrar el estado vibracional del entorno adecuado para esa manifestación.


Esto es así porque la naturaleza en su esplendor nos hace vibrar de forma que permite en determinadas situaciones que se manifieste la conciencia.


Si establecemos que la naturaleza en su creación sigue determinadas reglas y patrones que nos conectan directamente con la conciencia podemos intuir que lo que esté realizado con las mismas reglas y patrones causará los mismos efectos sobre la misma.


La relación con la ley del siete estará establecida al comprender que en el máximo de desarrollo de la conciencia los siete cuerpos estarán vibrando de acuerdo con las leyes de la naturaleza ya sea a través de ella misma o de una obra de arte, es decir, una obra de arte podrá ser calificada como arte regio de la naturaleza cuando pueda conectar o hacer vibrar los siete cuerpos del hombre.


CONCLUSION


Relacionar la proporción áurea con la naturaleza o establecer patrones de desarrollo de la naturaleza como se ha descrito hasta aquí no solo es negado por muchos individuos sino que llegan a la burla de aquellos que lo hacen.


Afirman que en la naturaleza se puede encontrar cualquier tipo de proporción por tanto también la áurea.


Creemos que en cualquier momento del desarrollo del hombre, mientras no haya logrado tener conciencia objetiva, es decir, haya eliminado completamente el ego, existe y debe existir la duda razonable.


Si esta no existiera tan solo tendríamos que seguir un manual de vida sin cuestionarnos nada. La duda razonable que se establece en todo orden de cosas es el motor que nos tiene que hacer avanzar en el autoconocimiento.


No debemos caer en el error de generar duda para no avanzar sino utilizarla para reflexionar y así solo podernos fiar de nuestra propia experiencia.


La duda no debe ser para afirmar ni para negar sino motor para comprobar. Sin duda razonable seríamos corderos a merced de cualquier lobo con mente poderosa.


La experiencia propia nos mostrará nuestra realidad. Que la naturaleza sigue reglas y patrones en su desarrollo es algo lógico. Que podamos conocer esas reglas y utilizarlas es discutible, pero no seremos nosotros quienes lo hagan.


Como hemos dicho antes, el desarrollo de un artista, en cuanto a la capacidad de realizar arte regio, estará relacionado con su desarrollo espiritual. Por tanto a mayor desarrollo, mayor capacidad.


Hoy en día es difícil encontrar artistas preocupados de su desarrollo espiritual que utilicen el arte como una de las vías de autoconocimiento.


El materialismo, la intelectualidad, el concepto, son las vías fundamentales que utilizan los artistas en su creación dotando a las obras únicamente de aspectos subjetivos, que no tienen ningún valor salvo el puramente histórico.


Podemos encontrar artistas de arte regio de la naturaleza, en artistas Zen que utilizan técnicas de búsqueda del vacío interior a través de largas horas de meditación para no transferir a esas obras ningún valor subjetivo.


Se ha intentado establecer una relación entre la proporción áurea y la naturaleza como una ley que la rige, pero solo para comprender que hay leyes que la rigen y que el artista las puede seguir. En cuanto a la proporción podrá hacerlo mediante un compás áureo, pero ¿y los demás aspectos como color, forma, etc.?


Hay artistas que de forma natural componen equilibradamente y pueden incluso utilizar la proporción áurea de forma natural.


Lo mismo con el color y la forma y aunque conozcan determinadas leyes, las aplicarán de forma intuitiva.


Si va a pintar un paisaje con cielo y tierra donde el cielo tendrá un color frío y la tierra un color cálido, conociendo las leyes de la manifestación de la energía Ying-Yang y sabiendo que en el Ying hay Yang y en el Yang hay Ying, pondrá algo de frío en el color cálido y algo de cálido en el frió de forma que estos quedarán relacionados como lo hacen en la naturaleza.


Como espectadores que somos debemos buscar el arte regio de la naturaleza si lo que pretendemos es incentivar el despertar de la conciencia, valorar el arte objetivo frente al subjetivo. Como artistas debemos desarrollar nuestra espiritualidad a través de la eliminación del ego para cada vez ser más objetivos.


Cada uno de nosotros debe convertir su vida en una verdadera obra de arte.



-Articulo elaborado por la redacción  de  S.E.I.F-














 

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